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¿Qué son los cristales de tiempo y cómo funcionan?

Los cristales de tiempo son una fase exótica de la materia cuyos átomos repiten patrones en el tiempo en lugar del espacio, desafiando la física convencional y abriendo nuevas fronteras en la computación cuántica.

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Redakcia
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¿Qué son los cristales de tiempo y cómo funcionan?

Una nueva fase de la materia

Los cristales ordinarios (diamantes, cubitos de hielo, sal de mesa) se definen por átomos encerrados en patrones que se repiten en el espacio. En 2012, el premio Nobel Frank Wilczek planteó una pregunta engañosamente simple: ¿podrían los átomos de un sistema repetirse también en el tiempo? La idea sonaba a ciencia ficción, pero en pocos años laboratorios de todo el mundo demostraron que tenía razón. Los cristales de tiempo ahora se reconocen como una fase genuina de la materia, una que oscila en un patrón estable y repetitivo sin consumir energía.

Cómo funcionan los cristales de tiempo

Un cristal convencional rompe la simetría espacial: sus átomos se asientan en una red en lugar de dispersarse uniformemente. Un cristal de tiempo hace lo mismo a lo largo del eje del tiempo. Cuando se le da un impulso de energía periódico, generalmente un láser finamente ajustado, sus partículas cambian entre estados a un ritmo que es un múltiplo de la frecuencia de excitación, y luego vuelven a cambiar, una y otra vez, sin absorber energía neta del pulso.

Esta oscilación perpetua parece violar la termodinámica, pero no es así. El sistema se encuentra en su estado fundamental cuántico, el nivel de energía más bajo posible. Debido a que no puede ceder energía al entorno, sigue ciclando indefinidamente. Los cambios cuánticos en los estados de las partículas no crean ni consumen energía, un caso especial que permiten las leyes de la física.

La mayoría de los cristales de tiempo de laboratorio son cristales de tiempo discretos (de Floquet). Requieren una excitación periódica externa, pero responden a un período diferente; por ejemplo, cambiando una vez por cada dos pulsos de láser. Esta "duplicación del período" es el sello distintivo que los distingue de la materia que simplemente vibra en sincronía con una fuerza externa.

De la teoría a la realidad

La propuesta de Wilczek en 2012 provocó una controversia inmediata. Los críticos argumentaron que su concepto original equivalía a movimiento perpetuo, y una demostración de 2015 de Haruki Watanabe y Masaki Oshikawa mostró que ningún sistema en equilibrio podría formar tal cristal. Pero la idea evolucionó. Los físicos propusieron cristales de tiempo de Floquet (variantes excitadas periódicamente) y, en 2017, equipos de la Universidad de Maryland y Harvard crearon de forma independiente los primeros ejemplos funcionales utilizando iones atrapados y centros de nitrógeno-vacante en diamantes.

En 2021, investigadores de Google y Stanford observaron un cristal de tiempo ejecutándose en el procesador cuántico Sycamore de Google, utilizando 20 cúbits para demostrar oscilaciones estables de duplicación de período. El experimento demostró que las propias computadoras cuánticas podrían albergar y estudiar esta fase exótica.

El último salto se produjo a principios de 2026. Físicos de la Universidad de Nueva York construyeron un cristal de tiempo macroscópico a partir de cuentas de poliestireno suspendidas por ondas sonoras. Las cuentas intercambiaron ondas acústicas dispersas de una manera desequilibrada (las cuentas más grandes influyeron en las más pequeñas más que al revés), rompiendo la Tercera Ley de Newton de reacciones iguales y opuestas. A diferencia de las demostraciones anteriores a escala cuántica, este cristal de tiempo era visible a simple vista y se asentaba en un dispositivo lo suficientemente pequeño como para sostenerlo en una mano.

Por qué importan los cristales de tiempo

La aplicación más tentadora reside en la computación cuántica. Los cúbits son notoriamente frágiles; cualquier interferencia extraviada puede colapsar la información que almacenan. Debido a que los cristales de tiempo mantienen oscilaciones coherentes sin decaer, investigadores de la Universidad de Aalto y otros lugares creen que podrían servir como memoria cuántica ultraestable, preservando la información durante mucho más tiempo de lo que permiten los métodos actuales.

Más allá de la computación, los cristales de tiempo podrían permitir:

  • Sensores cuánticos: referencias de frecuencia tan precisas que detectan cambios mínimos en el movimiento, el tiempo o los campos magnéticos.
  • Relojes atómicos de próxima generación: aprovechando la periodicidad exacta del cristal para una precisión de cronometraje sin precedentes.
  • Navegación sin GPS: manteniendo un posicionamiento preciso sin señales de satélite.

El cristal de tiempo acústico del equipo de la NYU también insinúa conexiones con el mantenimiento del tiempo biológico. Algunos sistemas bioquímicos, incluidos los procesos digestivos y los ritmos circadianos, se basan en interacciones no recíprocas similares a las observadas en las cuentas levitantes, lo que sugiere que los cristales de tiempo pueden iluminar cómo los organismos vivos mantienen el tiempo.

El camino por delante

Los cristales de tiempo han viajado desde un experimento mental provocativo hasta un fenómeno de laboratorio reproducible en poco más de una década. Las aplicaciones comerciales siguen estando a años de distancia, pero el ritmo de los descubrimientos se está acelerando. A medida que los físicos aprenden a construir cristales de tiempo más grandes y estables, y a medida que el hardware cuántico madura, esta fase de la materia, que antes era imposible, puede convertirse en una piedra angular de la tecnología futura.

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