Cómo el alcohol se esconde en el néctar de las flores y por qué los animales lo beben
El néctar de las flores contiene habitualmente etanol producido por levaduras fermentadoras. Un nuevo estudio de la UC Berkeley encontró alcohol en 26 de 29 especies de plantas, revelando que colibríes, abejas y otros polinizadores consumen sorprendentes cantidades diarias sin aparente intoxicación.
Un bar oculto en cada flor
Cuando un colibrí introduce su pico en una flor, no solo está bebiendo agua azucarada. También está bebiendo alcohol. Las levaduras colonizan el néctar floral y fermentan sus azúcares en etanol, el mismo compuesto que se encuentra en la cerveza y el vino, convirtiendo las flores en pequeños bares de cócteles naturales.
Los científicos saben desde hace mucho tiempo que la fermentación de la fruta puede intoxicar a los animales, desde los ampelis que tropiezan después de atiborrarse de bayas hasta los elefantes de los que se rumorea (aunque se debate) que se emborrachan con la fruta de marula. Pero el papel del alcohol dentro de las propias flores ha recibido mucha menos atención, hasta ahora.
La primera gran encuesta sobre el alcohol en el néctar
Un equipo de la University of California, Berkeley, dirigido por el estudiante de doctorado Aleksey Maro y el profesor Robert Dudley, ha publicado la primera encuesta amplia sobre el etanol en el néctar floral. Su estudio, que aparece en Royal Society Open Science, analizó el néctar de 29 especies de plantas y detectó etanol en al menos 26 de ellas.
Las concentraciones eran generalmente bajas. La mayoría de las muestras contenían solo trazas, pero la lectura más alta alcanzó el 0,056% de etanol en peso, aproximadamente una décima parte de una prueba. La fuente es sencilla: las levaduras silvestres del género Metschnikowia y especies relacionadas aterrizan en las flores, colonizan el néctar rico en azúcar y comienzan a fermentarlo casi de inmediato.
¿Cuánto beben realmente los polinizadores?
Las cifras se vuelven sorprendentes cuando se escalan al tamaño del cuerpo. Un colibrí de Anna (Calypte anna), común a lo largo de la costa del Pacífico de América del Norte, bebe entre el 50% y el 150% de su peso corporal en néctar cada día. El equipo de Berkeley estima que esto se traduce en aproximadamente 0,2 gramos de etanol por kilogramo de peso corporal al día, el equivalente a que un humano tome una bebida alcohólica estándar.
Otras especies que se alimentan de néctar se encuentran en un rango similar. Los suimangas consumen un estimado de 0,19 a 0,27 g/kg/día, mientras que las abejas melíferas ingieren alrededor de 0,05 g/kg/día. En el extremo, la musaraña arborícola de cola plumosa del sudeste asiático, que se alimenta de néctar de palma fermentado de forma natural, ingiere alrededor de 1,4 g/kg/día, la ingesta crónica de alcohol más alta documentada en cualquier animal salvaje.
¿Por qué no se emborrachan?
A pesar de consumir lo que sería una dosis notable para un humano, estos animales no muestran signos visibles de intoxicación. La explicación probablemente radica en sus extraordinarios metabolismos.
"Los colibríes son como pequeños hornos. Queman todo muy rápido, por lo que no esperas que nada se acumule en su torrente sanguíneo". — Aleksey Maro, UC Berkeley
Los colibríes tienen una de las tasas metabólicas más altas de cualquier vertebrado. Sus cuerpos procesan los azúcares, y aparentemente el etanol, a una velocidad vertiginosa. El análisis de las plumas de colibrí ha revelado etil glucurónido, un subproducto del metabolismo del alcohol que también se encuentra en los humanos, lo que confirma que estas aves absorben y descomponen el etanol en lugar de simplemente dejarlo pasar.
Las pruebas de comportamiento realizadas por el mismo grupo mostraron que los colibríes beben voluntariamente agua azucarada que contiene hasta un 1% de alcohol, pero reducen las visitas a la mitad cuando la concentración alcanza el 2%. "De alguna manera están midiendo su ingesta", señaló Dudley, lo que sugiere que las aves se autorregulan para mantenerse dentro de las concentraciones que encuentran en la naturaleza.
Por qué es importante para la ecología
La presencia de alcohol en el néctar tiene implicaciones más allá de la fisiología animal. Si los polinizadores visitan preferentemente las flores con néctar fermentado, atraídos por el sabor, el valor calórico o los aromas volátiles producidos por la levadura, podría remodelar la comprensión científica de las relaciones planta-polinizador.
El etanol contiene casi el doble de calorías por gramo que los carbohidratos, lo que convierte al néctar fermentado en una fuente de energía más rica. Algunas investigaciones sugieren que los abejorros extraen significativamente más néctar de las flores colonizadas por levaduras que de los controles estériles, lo que sugiere que la fermentación puede beneficiar a las plantas al atraer a más visitantes.
Por el contrario, la exposición crónica a bajos niveles de alcohol podría afectar la navegación de los polinizadores, la eficiencia de la búsqueda de alimento o la salud a largo plazo de formas que aún no se comprenden. A medida que los hábitats cambian y las comunidades florales se desplazan, la comprensión de estas sutiles dinámicas químicas se vuelve cada vez más importante.
Una nueva perspectiva sobre una antigua relación
La relación entre el alcohol y los animales es mucho más antigua que la elaboración de cerveza humana. La fermentación de frutas y néctar ha sido parte de los ecosistemas durante millones de años, y muchas especies parecen haber desarrollado maquinaria metabólica para manejar la exposición. Los hallazgos de Berkeley sugieren que para los que se alimentan de néctar, el alcohol no es un accidente ocasional, es una parte rutinaria de cada comida.
"La biología comparada de la ingestión de etanol merece un estudio más profundo", dijo Dudley. Su equipo, financiado por la National Science Foundation, ahora está ampliando las investigaciones sobre el papel del alcohol en las dietas de los animales en las regiones tropicales, donde la diversidad del néctar, y la fermentación, puede ser aún mayor.