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Cómo funcionan las erupciones solares y por qué amenazan la Tierra

Las erupciones solares son explosiones repentinas de energía magnética en el Sol que pueden inutilizar satélites, provocar apagones en las redes eléctricas e interrumpir el GPS. Explicamos cómo se forman, cómo las clasifican los científicos y qué significaría una tormenta de proporciones catastróficas para la civilización moderna.

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Redakcia
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Cómo funcionan las erupciones solares y por qué amenazan la Tierra

Una explosión magnética en el Sol

Una erupción solar es una liberación repentina e intensa de radiación desde la superficie del Sol, desencadenada cuando las líneas de campo magnético enredadas cerca de las manchas solares se rompen y se reconectan en un proceso llamado reconexión magnética. En los eventos más potentes, este proceso puede liberar energía equivalente a mil millones de bombas de hidrógeno en cuestión de minutos. La radiación, que abarca rayos X, luz ultravioleta y ondas de radio, viaja a la velocidad de la luz, llegando a la Tierra aproximadamente ocho minutos después de salir del Sol.

Las erupciones solares a menudo ocurren junto con las eyecciones de masa coronal (CMEs), vastas nubes de plasma magnetizado lanzadas al espacio. Mientras que una erupción es un destello de luz, una CME es una pared física de partículas cargadas que normalmente tarda entre 18 y 72 horas en llegar a la Tierra. Cuando una CME impacta contra el campo magnético de nuestro planeta, desencadena lo que los científicos llaman una tormenta geomagnética.

Cómo clasifican los científicos las erupciones solares

Los científicos clasifican las erupciones solares en una escala de cinco letras: A, B, C, M y X, basándose en el flujo máximo de rayos X medido por los satélites GOES de la NOAA. Cada letra representa un aumento de diez veces en la energía, de forma similar a la escala de Richter para los terremotos:

  • Erupciones de clase A y B: eventos de nivel de fondo con efectos insignificantes.
  • Clase C: erupciones menores demasiado débiles para afectar notablemente a la Tierra.
  • Clase M: erupciones moderadas que pueden causar breves apagones de radio cerca de los polos y riesgos menores de radiación para los astronautas.
  • Clase X: la categoría más potente. Las erupciones de clase X pueden desencadenar apagones de radio en todo el planeta e intensas tormentas geomagnéticas. La escala es abierta: se han registrado erupciones que superan el nivel X10.

Las tormentas geomagnéticas que resultan de estas erupciones se miden por separado en la escala G de la NOAA, que va desde G1 (menor) hasta G5 (extrema), según la perturbación del campo magnético de la Tierra.

Qué hacen las tormentas geomagnéticas a la Tierra

El campo magnético y la atmósfera de la Tierra nos protegen del daño directo, pero la infraestructura de la que depende la vida moderna es mucho más vulnerable. Las tormentas geomagnéticas inducen corrientes eléctricas en conductores largos (líneas eléctricas, oleoductos, cables submarinos) que pueden sobrecargar los transformadores y provocar apagones en cascada.

En marzo de 1989, una grave tormenta geomagnética colapsó la red eléctrica de Hydro-Québec en segundos, dejando a seis millones de canadienses sin electricidad durante nueve horas. Más recientemente, la tormenta G5 de mayo de 2024 interrumpió las señales de GPS durante una temporada de siembra crítica, lo que le costó a los agricultores estadounidenses unos 500 millones de dólares.

Los satélites se enfrentan a una doble amenaza: las partículas energéticas pueden dañar la electrónica y causar fallos de funcionamiento, mientras que la tormenta calienta la atmósfera superior de la Tierra, lo que aumenta la resistencia en las naves espaciales de órbita baja y hace que pierdan altitud. Las comunicaciones, la navegación aérea y la precisión del GPS se degradan durante los eventos fuertes.

El evento Carrington: una advertencia de 1859

La tormenta geomagnética más potente de la historia registrada se produjo entre el 1 y el 2 de septiembre de 1859. El astrónomo británico Richard Carrington observó una erupción solar de luz blanca, la primera jamás registrada, y una CME llegó a la Tierra en tan solo 17,6 horas. Las auroras iluminaron los cielos hasta el sur del Caribe, y los sistemas de telégrafos de Europa y Norteamérica chispearon y se incendiaron.

Un estudio conjunto de Lloyd's of London y AER estimó que un evento de la escala de Carrington que golpeara hoy podría causar entre 600.000 millones y 2,6 billones de dólares en daños solo en Estados Unidos, hasta el 15% del PIB anual. Los cortes de energía podrían durar meses o incluso años en las regiones más afectadas, en particular el este y el medio oeste de Estados Unidos, donde la geología del lecho rocoso hace que las redes eléctricas sean especialmente vulnerables a las corrientes inducidas.

Cómo nos preparamos

Agencias como el Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA y la división de heliofísica de la NASA vigilan el Sol las 24 horas del día utilizando satélites como el Observatorio de Dinámica Solar y la nave espacial SOHO. Cuando se detecta una CME peligrosa, los operadores pueden apagar los transformadores vulnerables, desviar los vuelos de las aerolíneas de las regiones polares y ajustar las órbitas de los satélites.

Estas previsiones ahorran dinero de verdad: la NOAA estima que las alertas de clima espacial ayudan a la industria de la energía eléctrica a evitar pérdidas de hasta 27.000 millones de dólares por tormenta grave. Aún así, los científicos advierten que nuestra creciente dependencia de la electrónica interconectada hace que la sociedad esté más expuesta que nunca. Comprender las erupciones solares ya no es solo astronomía, sino una cuestión de seguridad nacional y resiliencia económica.

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