Vacuna en aerosol de Stanford protege contra la COVID y la gripe
Científicos de Stanford han desarrollado una vacuna nasal en forma de aerosol que, en ratones, protegió contra la COVID-19, la gripe, la neumonía e incluso las alergias, activando la inmunidad innata de los pulmones. La investigación, publicada en la revista Science, sugiere que podría reemplazar la vacunación estacional anual en un plazo de cinco a siete años.
Un nuevo enfoque: la vacuna habla el lenguaje de la inmunidad, no del virus
Científicos de la Facultad de Medicina de Stanford publicaron el 19 de febrero de 2026 en la prestigiosa revista Science resultados que podrían cambiar fundamentalmente el enfoque de la prevención de enfermedades respiratorias. La vacuna nasal experimental —denominada por ahora GLA-3M-052-LS+OVA— no funciona como las vacunas tradicionales. En lugar de imitar un virus o bacteria específicos, simula las señales que las células inmunitarias intercambian durante una infección.
Concretamente, se trata de citoquinas producidas por los linfocitos T, que activan los receptores toll-like en las células inmunitarias innatas de los pulmones. El resultado es un estado duradero de alerta inmunitaria, no contra un patógeno, sino contra toda una gama de amenazas respiratorias. Este estado persistió durante al menos tres meses en experimentos con ratones.
Resultados de las pruebas: reducción de 700 veces del virus, protección también contra bacterias
El equipo dirigido por el profesor Bali Pulendran y el estudiante de doctorado Haiba Zhang registró resultados notables en modelos de ratones. Los animales vacunados mostraron una reducción de 700 veces en la cantidad de virus en los pulmones en comparación con el grupo de control no vacunado. La protección se extendió a:
- SARS-CoV-2 y otros coronavirus,
- bacterias hospitalarias Staphylococcus aureus y Acinetobacter baumannii,
- alérgeno de los ácaros del polvo.
Mientras que los ratones no vacunados tardaron aproximadamente dos semanas en desarrollar una respuesta inmunitaria específica, los animales vacunados pudieron movilizar anticuerpos y linfocitos T dirigidos en tan solo tres días. Tal velocidad de reacción sería extremadamente valiosa en una pandemia con un patógeno desconocido; precisamente la lenta construcción de la inmunidad fue una de las debilidades clave durante la pandemia de COVID-19.
De ratones a humanos: de cinco a siete años y financiación suficiente
El profesor Pulendran estima que, con financiación suficiente, la vacuna podría estar disponible para los humanos en un plazo de cinco a siete años, tras superar con éxito la primera fase de los ensayos clínicos centrados en la seguridad. Además de Stanford, en el estudio participaron equipos de la Universidad de Emory, la Universidad de Carolina del Norte, la Universidad Estatal de Utah y la Universidad de Arizona.
Los científicos imaginan un escenario en el que las personas reciban cada otoño un aerosol nasal que las proteja contra la gripe, la COVID-19, el VRS e incluso el resfriado común, y que al mismo tiempo alivie las reacciones alérgicas primaverales. Para países como Eslovaquia, donde las temporadas respiratorias anuales sobrecargan los hospitales con miles de hospitalizaciones y la gripe con neumonía se encuentran entre las causas más frecuentes de muerte en personas mayores, tal prevención traería no solo alivio sanitario, sino también económico.
¿Una nueva era de la vacunación?
La investigación publicada en Science abre el camino a una vacuna que podría sustituir la vacunación estacional actualizada anualmente y proporcionar protección incluso en caso de una nueva pandemia, sin necesidad de esperar meses para el desarrollo de preparados específicos. El portal Nature News calificó los resultados de emocionantes, pero también subrayó que el camino desde el modelo de ratón hasta una vacuna humana segura es largo y está lleno de desafíos. No obstante, se trata de una de las direcciones más prometedoras en la investigación de vacunas de los últimos años.