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Cómo los átomos podrían detectar ondas gravitacionales

Científicos proponen un nuevo método radical para detectar ondas gravitacionales rastreando cómo estas modifican la luz que emiten los átomos, lo que podría reducir el tamaño de los detectores de kilómetros a milímetros.

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Redakcia
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Cómo los átomos podrían detectar ondas gravitacionales

Ondulaciones en el espacio-tiempo, captadas por átomos

Las ondas gravitacionales —ondulaciones en el tejido del espacio-tiempo generadas por eventos cósmicos cataclísmicos como la colisión de agujeros negros y estrellas de neutrones— se encuentran entre los fenómenos más esquivos de la física. Desde que LIGO (Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser) las detectó directamente por primera vez en 2015, los científicos han dependido de instrumentos enormes, de escala kilométrica, para captar estas débiles distorsiones. Pero un avance teórico sugiere que podría haber otra forma: escuchar las ondas gravitacionales a través de la luz que emiten los átomos.

Cómo funcionan los detectores actuales

Los observatorios de ondas gravitacionales actuales, incluidas las dos instalaciones de LIGO en Estados Unidos y el detector Virgo en Italia, utilizan la interferometría láser. Un haz de láser se divide en dos y se envía por brazos perpendiculares, cada uno de los cuales se extiende 4 kilómetros. Espejos en los extremos más alejados reflejan los haces de vuelta. Cuando una onda gravitacional pasa a través, estira un brazo y comprime el otro en una cantidad casi inconcebiblemente pequeña, aproximadamente una diezmilésima parte del diámetro de un protón. El desajuste resultante en los haces que regresan produce un patrón de interferencia revelador.

Estos instrumentos son maravillas de la ingeniería, pero conllevan limitaciones. Requieren tubos de vacío prístinos que abarquen kilómetros, un elaborado aislamiento de vibraciones y múltiples detectores separados por miles de kilómetros para distinguir las señales reales del ruido local, como terremotos, tráfico e incluso olas oceánicas.

El enfoque de la luz atómica

Un estudio publicado en Physical Review Letters por investigadores de la Universidad de Estocolmo, Nordita y la Universidad de Tübingen propone una estrategia fundamentalmente diferente. En lugar de medir cómo el espacio-tiempo estira la trayectoria de un haz de láser, el equipo demuestra teóricamente que las ondas gravitacionales alteran la emisión espontánea de los átomos: el proceso natural por el cual un átomo excitado libera un fotón de luz al caer a un estado de energía más bajo.

La clave es sutil. Una onda gravitacional que pasa modula el campo electromagnético cuántico que rodea a un átomo. Esto no cambia la frecuencia con la que el átomo emite fotones. En cambio, desplaza la frecuencia de los fotones emitidos dependiendo de la dirección en la que viajan. El resultado es un patrón direccional distintivo estampado en el espectro de emisión del átomo.

"Las ondas gravitacionales modulan el campo cuántico, lo que a su vez afecta la emisión espontánea", explicó Jerzy Paczos, estudiante de doctorado en la Universidad de Estocolmo y autor principal del estudio. Las frecuencias de los fotones varían con la dirección de emisión, creando una huella espectral que codifica el origen y la polarización de la onda.

Por qué el tamaño importa

La implicación más emocionante es la escala. Mientras que LIGO necesita brazos de 4 kilómetros, el conjunto atómico requerido para este método podría ser de tamaño milimétrico. Las transiciones ópticas estrechas que ya se utilizan en las plataformas de relojes atómicos ofrecen los largos tiempos de interacción necesarios para detectar el efecto, y los laboratorios de átomos fríos actuales ya operan con la precisión requerida.

"Nuestros hallazgos pueden abrir una vía hacia la detección compacta de ondas gravitacionales", dijo el investigador postdoctoral Navdeep Arya. Tales detectores miniaturizados no reemplazarían a LIGO, pero podrían complementar los observatorios existentes, particularmente para las ondas gravitacionales de baja frecuencia que los instrumentos actuales tienen dificultades para medir.

De la teoría al laboratorio

El trabajo sigue siendo teórico. El propio análisis de los investigadores sugiere que el efecto podría medirse en experimentos de átomos fríos de última generación, pero advierten que es necesario un análisis exhaustivo del ruido para evaluar la viabilidad práctica. Aislar la señal de la onda gravitacional de otras influencias en las frecuencias de los fotones será un desafío de ingeniería significativo.

Aun así, la propuesta se une a una creciente familia de conceptos alternativos de detección de ondas gravitacionales, incluidas las redes de relojes atómicos basados en el espacio y los interferómetros atómicos. Cada uno se dirige a diferentes partes del espectro de ondas gravitacionales, y juntos podrían abrir ventanas a eventos cósmicos invisibles para los detectores actuales, desde las lentas danzas orbitales de los agujeros negros supermasivos hasta los ecos del universo temprano.

Si el método de la luz atómica sobrevive al escrutinio experimental, podría marcar un cambio de la construcción de instrumentos cada vez más grandes a la ingeniería de instrumentos cada vez más precisos, lo que demuestra que, a veces, para escuchar el universo, solo hay que observar el brillo de un átomo.

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