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¿Qué son las desapariciones forzadas y cómo funcionan?

Las desapariciones forzadas, cuando los estados detienen secretamente a personas y niegan tener conocimiento de su destino, han afectado a cientos de miles en 85 países. Así es como funciona este crimen contra la humanidad y cómo el derecho internacional lo combate.

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Redakcia
4 min de lectura
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¿Qué son las desapariciones forzadas y cómo funcionan?

Cuando las personas desaparecen por diseño

Un agente del gobierno detiene a alguien en la noche. Las autoridades niegan tener conocimiento alguno. La familia busca durante años, a veces décadas, sin obtener respuestas. Esto es una desaparición forzada: una de las violaciones de derechos humanos más insidiosas del mundo moderno, practicada en al menos 85 países y que afecta a cientos de miles de víctimas.

A diferencia de un secuestro ordinario, las desapariciones forzadas son llevadas a cabo o sancionadas por el propio Estado. La víctima es colocada, como lo define Naciones Unidas, "fuera de la protección de la ley". Sin registro de arresto. Sin juicio. Sin cuerpo. Solo silencio.

Tres elementos que definen el delito

El derecho internacional identifica tres condiciones acumulativas que distinguen una desaparición forzada de otros delitos:

  • Privación de libertad: la persona es arrestada, detenida o secuestrada contra su voluntad.
  • Participación del Estado: agentes gubernamentales llevan a cabo o autorizan el acto, o lo consienten.
  • Negación y ocultamiento: las autoridades se niegan a reconocer la detención o a revelar el destino y el paradero de la víctima.

Los tres deben estar presentes. Un gobierno que arresta a alguien y reconoce la detención, por injusta que sea, no ha cometido una desaparición forzada en el sentido legal. Es la negativa a reconocer lo que hace que el delito sea singularmente devastador, atrapando a las familias en una incertidumbre permanente.

Un patrón global

La práctica se volvió sistemática en América Latina durante la Guerra Fría. La junta militar de Argentina (1976-1983) desapareció a unas 30.000 personas durante la llamada "Guerra Sucia", arrojando prisioneros drogados desde aviones sobre el Atlántico. Guatemala, El Salvador, Perú y Chile llevaron a cabo campañas similares. Pero la táctica está lejos de ser histórica.

Según Amnistía Internacional, solo Siria ha registrado unas 82.000 desapariciones forzadas desde 2011, la gran mayoría en centros de detención gubernamentales. Sri Lanka, Irak, Argelia y Colombia han registrado miles de casos sin resolver. El Grupo de Trabajo de la ONU sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias, establecido en 1980, ha transmitido casos de más de 100 países, y aproximadamente el 80 por ciento siguen sin resolverse.

Cómo responde el derecho internacional

El instrumento jurídico fundamental es la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, aprobada por la Asamblea General de la ONU en 2006 y que entró en vigor en 2010. Fue el primer tratado universalmente vinculante que aborda específicamente la práctica.

La Convención creó el Comité contra la Desaparición Forzada (CED), un órgano de expertos independientes que supervisa el cumplimiento. Su herramienta más poderosa es el procedimiento de acción urgente: cuando se denuncia una desaparición, el CED puede exigir que un Estado busque inmediatamente a la víctima. A finales de 2023, este mecanismo había ayudado a localizar a 494 personas desaparecidas, 438 de ellas con vida.

El CED también puede recibir denuncias individuales, examinar los informes de los Estados e incluso enviar investigadores para realizar visitas in situ a los países cuando surjan pruebas creíbles de violaciones sistemáticas. Cuando se comete como parte de un ataque generalizado o sistemático contra civiles, la desaparición forzada se califica como un crimen de lesa humanidad en virtud del derecho penal internacional, enjuiciable por la Corte Penal Internacional.

Las Madres que lo cambiaron todo

Ningún relato de las desapariciones forzadas está completo sin las Madres de la Plaza de Mayo. En abril de 1977, un grupo de madres argentinas cuyos hijos habían sido "desaparecidos" comenzaron a marchar silenciosamente alrededor de la plaza central de Buenos Aires todos los jueves a las 3:30 p.m., usando pañuelos blancos bordados con los nombres de sus hijos. Debido a que la junta prohibió las reuniones públicas, caminaban en círculos en lugar de quedarse quietas.

Su silenciosa resistencia atrajo la atención internacional, presionó a organizaciones como la OEA y a gobiernos extranjeros, y ayudó a poner de rodillas a la dictadura. Cientos de ex funcionarios han sido condenados desde entonces. Las Madres recibieron el Premio Sájarov del Parlamento Europeo en 1992 e inspiraron movimientos similares en América Latina y más allá.

Por qué sigue siendo importante

Las desapariciones forzadas no son una reliquia del siglo XX. Persisten tanto en zonas de conflicto como en estados autoritarios. Para las familias, la ausencia de un cuerpo o una respuesta crea lo que los psicólogos llaman pérdida ambigua: duelo sin cierre. Para las sociedades, la impunidad erosiona la confianza en las instituciones durante generaciones. El marco jurídico internacional se ha fortalecido a lo largo de las décadas, pero la aplicación sigue siendo el eslabón más débil: muchos de los peores infractores del mundo nunca han ratificado la Convención.

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