Cómo funciona la minería en aguas profundas y por qué preocupa a los científicos
La minería en aguas profundas se centra en nódulos minerales del tamaño de una patata que se encuentran en el lecho oceánico y son ricos en cobalto, níquel y manganeso. Mientras los reguladores debaten si permitir la extracción comercial, los científicos advierten que los ecosistemas destruidos por la minería podrían tardar décadas o más en recuperarse.
Billones de nódulos minerales en el fondo del océano
Dispersos por las llanuras abisales de los océanos del mundo, a profundidades de entre 4.000 y 6.000 metros, yacen billones de rocas del tamaño de una patata llamadas nódulos polimetálicos. Estas formaciones oscuras y abultadas son ricas en manganeso, níquel, cobalto, cobre y elementos de tierras raras: metales esenciales para las baterías, la electrónica y la transición a la energía verde. Los nódulos crecen a un ritmo casi geológico, acumulando apenas unos milímetros cada millón de años.
El mayor depósito conocido se encuentra en la Zona Clarion-Clipperton (CCZ), una extensión de 4,5 millones de kilómetros cuadrados del Océano Pacífico entre Hawái y México. A medida que las reservas minerales terrestres se enfrentan a una demanda creciente, la CCZ se ha convertido en el punto central de un debate mundial: ¿debería la humanidad explotar los fondos marinos?
Cómo funcionaría la minería
Aún no ha comenzado ninguna operación comercial de minería en aguas profundas, pero la tecnología propuesta sigue un proceso de tres pasos. Primero, unos vehículos colectores del tamaño de un tractor se arrastran por el lecho marino, aspirando los nódulos junto con la capa superior de sedimentos. A continuación, el material se bombea a través de una tubería ascendente, a veces de varios kilómetros de longitud, hasta un buque de apoyo en la superficie. A bordo, los nódulos se separan de los sedimentos y la lechada de residuos se bombea de nuevo hacia abajo y se descarga en la columna de agua.
Los defensores, entre los que se encuentran empresas como The Metals Company, argumentan que la minería de nódulos tiene una huella terrestre menor que la minería terrestre, no produce estanques de relaves tóxicos y podría suministrar minerales críticos sin deforestación ni desplazamiento de comunidades.
Qué vive donde los mineros quieren excavar
La CCZ está lejos de estar desprovista de vida. Los científicos han catalogado más de 400 especies allí, y los investigadores del Museo de Historia Natural de Londres estiman que entre el 88 y el 92 por ciento de las especies de la zona aún no han sido descritas. En marzo de 2026, un equipo anunció el descubrimiento de 24 nuevas especies de anfípodos en la CCZ, incluyendo una superfamilia completamente nueva, un hallazgo raro que pone de relieve lo poco que sabemos sobre la vida en esta región.
Los propios nódulos no son sólo rocas. Sirven como el único sustrato duro en un lecho marino por lo demás blando y fangoso, proporcionando puntos de fijación para esponjas, corales y otros organismos sésiles. Un estudio de 2021 publicado en Scientific Reports descubrió que la eliminación de nódulos perturba las redes alimentarias locales mucho más allá de los organismos directamente adheridos a ellos.
Daños que duran décadas
Un estudio de referencia de 2025 publicado en Nature examinó un sitio en la CCZ donde una máquina de prueba de minería operó en la década de 1970. Cuarenta y cuatro años después, las huellas de la minería, de ocho metros de ancho, seguían siendo claramente visibles, y el lecho marino permanecía desprovisto de nódulos. Algunos organismos móviles (gusanos que viven en los sedimentos y alimentadores de depósitos) habían recolonizado las huellas hasta niveles casi normales. Pero la fauna sésil que depende de los nódulos como hábitat no se había recuperado, y la composición general de la comunidad seguía alterada.
Los autores principales del estudio concluyeron que los impactos de la minería en el océano abisal persisten durante al menos décadas, y las comunidades en las zonas directamente perturbadas permanecen fundamentalmente modificadas. Dado que los nódulos tardan millones de años en volver a crecer, la pérdida de hábitat es efectivamente permanente en cualquier escala de tiempo humana.
Quién decide, y cuándo
Dado que la CCZ se encuentra en aguas internacionales, la minería allí es competencia de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA), un organismo de las Naciones Unidas con sede en Jamaica. La ISA ha emitido 31 contratos de exploración que cubren más de 1,5 millones de kilómetros cuadrados de lecho marino, pero ninguno permite aún la extracción comercial.
La ISA lleva años elaborando un marco regulador, conocido como el Código de Minería. Las negociaciones sobre el proyecto de reglamento de explotación continuaron hasta julio de 2025 sin llegar a un consenso, y está previsto que las conversaciones se reanuden en 2026. Mientras tanto, más de 30 países han pedido una moratoria o una pausa de precaución en la minería en aguas profundas, citando la magnitud de la incertidumbre científica.
La tensión central
La minería en aguas profundas se sitúa en la intersección de dos prioridades urgentes. El mundo necesita grandes cantidades de cobalto, níquel y manganeso para fabricar baterías para vehículos eléctricos y almacenamiento en la red. Pero la extracción de esos metales de un ecosistema poco conocido corre el riesgo de causar daños irreversibles a algunos de los hábitats más antiguos y menos explorados de la Tierra. La forma en que los reguladores resuelvan esa tensión determinará tanto el fondo oceánico como la transición energética durante generaciones.