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Cómo funcionan los pequeños reactores modulares y por qué son importantes

Los pequeños reactores modulares (SMR) prometen reinventar la energía nuclear: más baratos de construir, más seguros por diseño y lo suficientemente flexibles como para alimentar comunidades remotas o centros de datos de IA. Así es como funcionan y qué obstáculos se interponen en su camino.

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Redakcia
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Cómo funcionan los pequeños reactores modulares y por qué son importantes

Un nuevo modelo para la energía nuclear

Durante décadas, la energía nuclear significó una cosa: plantas masivas de miles de millones de dólares que tardaban quince años en construirse y requerían un pequeño ejército para operar. Ese modelo está cambiando. Los pequeños reactores modulares (SMR), una nueva clase de tecnología nuclear, están diseñados para ser construidos en fábrica, enviados en módulos e instalados en casi cualquier lugar. Sus defensores dicen que finalmente podrían cumplir la promesa largamente postergada de la energía nuclear: electricidad limpia, confiable y continua a un precio competitivo.

¿Qué es exactamente un SMR?

Según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), los SMR son reactores nucleares con una potencia de hasta 300 megavatios de electricidad (MWe) por unidad, aproximadamente un tercio de la capacidad de un reactor convencional. La parte "modular" es clave: sus sistemas y componentes están diseñados para ser ensamblados en fábrica y transportados a un sitio, en lugar de construirse a medida en el lugar.

Como todos los reactores de fisión, los SMR generan calor al dividir átomos de uranio en una reacción en cadena controlada. Ese calor convierte el agua en vapor, que hace girar una turbina para producir electricidad. Lo que cambia es la escala, la ingeniería y, en algunos diseños más nuevos, el refrigerante en sí.

Cómo funciona la tecnología

La mayoría de los diseños de SMR se basan en sistemas de seguridad pasivos: en lugar de bombas eléctricas y controles activos para evitar la fusión del núcleo, utilizan la gravedad, la convección y la física básica del reactor para enfriarse automáticamente. Esta es una desviación fundamental de los diseños más antiguos y reduce drásticamente el riesgo de accidentes, según el Departamento de Energía de EE. UU..

Más allá de los SMR de agua ligera (que utilizan agua ordinaria como refrigerante y moderador), varias empresas están buscando enfoques más radicales:

  • Reactores de sales fundidas: utilizan sal líquida como refrigerante, eliminando la necesidad de operar a alta presión. El diseño Hermes 2 de Kairos Power ha recibido el primer permiso de construcción en EE. UU. para un reactor de este tipo.
  • Reactores rápidos refrigerados por sodio: el diseño Natrium de TerraPower utiliza sodio líquido, lo que permite una mayor eficiencia e incluso el potencial de quemar algunos residuos nucleares como combustible.
  • Microreactores: unidades ultracompactas de menos de 10 MWe, destinadas a bases militares, sitios mineros remotos o ayuda en casos de desastre.

¿Quién los está construyendo?

La carrera mundial para comercializar los SMR se está intensificando. El Linglong One de China, un reactor de 125 MWe en la provincia de Hainan, se espera que se convierta en el primer SMR terrestre comercial del mundo, capaz de alimentar aproximadamente 526.000 hogares. En Estados Unidos, TerraPower ha comenzado la construcción en una planta de carbón en desuso en Wyoming, y Kairos Power está construyendo un reactor de demostración en Tennessee. En Europa, el Reino Unido ha comprometido 280 millones de libras esterlinas para el diseño SMR de 470 MWe de Rolls-Royce, mientras que Ontario Power Generation de Canadá aprobó la construcción de un reactor GE Hitachi en su sitio de Darlington. MIT Technology Review nombró la energía nuclear de próxima generación como una de sus 10 tecnologías innovadoras para 2026.

La promesa: por qué los defensores están entusiasmados

El talón de Aquiles de la industria nuclear tradicional siempre han sido los sobrecostos y los retrasos en la construcción. Los defensores de los SMR argumentan que la fabricación en fábrica resuelve ambos problemas. Construir el mismo diseño docenas de veces y los costos disminuyen drásticamente, la misma lógica que hizo que los aviones y los automóviles fueran asequibles. Los menores requisitos de capital inicial también facilitan la financiación de los SMR, y su naturaleza modular significa que los operadores pueden agregar capacidad de forma incremental en lugar de apostar miles de millones en un solo proyecto enorme.

También hay un ángulo estratégico. Gigantes tecnológicos como Google han firmado acuerdos de compra de energía con desarrolladores de SMR para suministrar electricidad limpia para centros de datos de IA hambrientos de energía, un mercado que las energías renovables convencionales tienen dificultades para atender de manera confiable.

Las preocupaciones: lo que señalan los críticos

El entusiasmo no es universal. Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences encontró que algunos diseños de SMR generarían significativamente más residuos radiactivos por unidad de energía que las plantas convencionales, debido a una mayor fuga de neutrones de los núcleos de los reactores más pequeños. Los críticos también señalan que las economías de escala funcionan en ambos sentidos: los reactores más pequeños pierden las ventajas de costos que hacen que las plantas grandes sean competitivas, y ningún diseño de SMR fuera de China ha demostrado aún que se puede construir dentro del presupuesto y a tiempo a escala comercial.

La Asociación Nuclear Mundial reconoce que el caso económico de los SMR depende en gran medida de lograr volúmenes de producción en serie que aún no existen.

En resumen

Los pequeños reactores modulares representan el intento más creíble de la energía nuclear de reinventarse para el siglo XXI. La física está probada; la ingeniería está avanzando rápidamente; y la voluntad política, impulsada por los objetivos climáticos y el aumento de la demanda de electricidad de la IA, nunca ha sido tan fuerte. Si la economía seguirá el mismo camino es la pregunta clave de la próxima década.

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