¿Quiénes son los disidentes de las FARC y por qué persiste la violencia?
El acuerdo de paz de 2016 en Colombia pretendía poner fin a décadas de guerra con la guerrilla de las FARC. Sin embargo, facciones disidentes rechazaron el acuerdo, se rearmaron y ahora controlan corredores de narcotráfico en todo el país. Explicamos cómo surgieron los disidentes de las FARC y por qué amenazan la frágil paz de Colombia.
Un acuerdo de paz que no acabó con la guerra
En noviembre de 2016, el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) firmaron un histórico acuerdo de paz en La Habana, poniendo fin a un conflicto que había durado más de cinco décadas, causado la muerte de unas 260.000 personas y desplazado a más de ocho millones. El presidente Juan Manuel Santos ganó el Premio Nobel de la Paz por este logro. Alrededor de 13.000 miembros de las FARC se desmovilizaron y entregaron sus armas a las Naciones Unidas.
Sin embargo, la violencia nunca cesó. A las pocas semanas de la firma, comandantes del antiguo Bloque Oriental de las FARC regresaron a sus antiguos territorios. A principios de la década de 2020, miles de excombatientes habían abandonado por completo el proceso de paz. Grupos armados, comúnmente llamados disidentes de las FARC, operan ahora en al menos 16 de los 32 departamentos de Colombia, alimentando un nuevo ciclo de atentados, asesinatos y guerra territorial.
¿Quiénes son los disidentes de las FARC?
Los disidentes de las FARC son exguerrilleros que se negaron a aceptar el acuerdo de 2016 o que inicialmente se desmovilizaron y luego volvieron a la actividad armada. Los analistas estiman que han surgido aproximadamente 30 organizaciones disidentes, concentradas en dos bloques principales.
El Estado Mayor Central (EMC), liderado por Néstor Gregorio Vera Fernández, conocido como "Iván Mordisco", es la facción más grande, con un estimado de 3.500 combatientes repartidos en 25 subestructuras. El EMC afirma continuar con la misión revolucionaria original de las FARC, pero sus operaciones se centran en gran medida en el cultivo de coca, el tráfico de cocaína, la minería ilegal y la extorsión.
El segundo bloque principal, Segunda Marquetalia, fue fundado en 2019 por Iván Márquez, quien había sido el principal negociador de las FARC durante las conversaciones de paz de La Habana. Con aproximadamente 1.500 miembros, esta facción controla las rutas de la cocaína que atraviesan la región fronteriza entre Colombia y Venezuela, particularmente en los departamentos de Arauca y Apure.
¿Por qué rechazaron la paz?
Las FARC eran una organización extensa con profundas divisiones internas. No todos los comandantes compartían la voluntad de la dirección de cambiar los fusiles por la participación política. Varios factores impulsaron la escisión:
- Promesas incumplidas: El acuerdo prometía desarrollo rural, reforma agraria y programas de sustitución de cultivos. La implementación ha sido lenta y con financiación insuficiente, lo que ha dejado a muchos excombatientes y comunidades rurales con pocas alternativas económicas legales.
- Oposición política: Cuando el presidente Iván Duque asumió el cargo en 2018, su gobierno de derecha se opuso abiertamente a las disposiciones clave del acuerdo, debilitando el apoyo institucional a la reintegración.
- Lucrativo negocio de la droga: Colombia sigue siendo el mayor productor mundial de cocaína. Las facciones disidentes se movieron rápidamente para controlar los corredores de tráfico y las regiones de cultivo de coca que las antiguas FARC habían desocupado, generando enormes ingresos.
- Vacío de seguridad: A medida que las FARC se retiraban, otros grupos armados, incluidos la guerrilla del ELN, los sucesores paramilitares y los cárteles mexicanos, se apresuraron a llenar el vacío. Los disidentes tuvieron que rearmarse simplemente para sobrevivir en territorio disputado.
El costo humano
Las consecuencias son devastadoras. Según las Naciones Unidas, cientos de excombatientes de las FARC y líderes comunitarios han sido asesinados sistemáticamente desde el acuerdo. Departamentos rurales enteros en el suroeste de Colombia, particularmente Cauca, Nariño y Valle del Cauca, sufren oleadas de atentados, desplazamientos forzados y extorsión. Los grupos disidentes también han forjado alianzas con cárteles internacionales de la droga, incluidos el Cártel Jalisco Nueva Generación de México y el Cártel de Sinaloa, ampliando drásticamente el alcance del conflicto.
¿Se puede salvar aún la paz?
El gobierno de Colombia ha seguido una política de "Paz Total", intentando negociaciones paralelas con ambos bloques disidentes y con el grupo guerrillero separado del ELN. Se han logrado algunos avances: las conversaciones con una facción que se separó del EMC se reanudaron a mediados de 2025. Pero el EMC de Mordisco, el bloque más grande y violento, se ha resistido a un compromiso significativo y, en cambio, ha intensificado los ataques, incluidas las amenazas de interrumpir las elecciones presidenciales de 2026.
El Atlantic Council y otros analistas argumentan que una paz duradera requiere no solo presión militar, sino una inversión genuina en infraestructura rural, reforma agraria y medios de vida alternativos: las mismas promesas hechas en 2016 que siguen en gran medida incumplidas. Hasta que Colombia cierre esa brecha, los disidentes de las FARC seguirán reclutando de comunidades que no ven ningún beneficio en la paz.