Cómo entran los microplásticos en tu cuerpo y qué hacen
Los microplásticos llegan al cuerpo humano a través de los alimentos, el agua y el aire, acumulándose en órganos desde los pulmones hasta el cerebro. Esto es lo que la ciencia sabe sobre cómo entran y qué riesgos plantean.
Pequeños plásticos, grandes interrogantes
Fragmentos de plástico de menos de cinco milímetros, conocidos como microplásticos, aparecen ahora en lugares que los científicos nunca esperaron: sangre humana, tejido pulmonar, placentas y cerebros. A medida que la investigación se acelera, la pregunta central ha pasado de si los microplásticos están dentro de nosotros a qué hacen una vez que llegan allí.
Tres vías de entrada
Los microplásticos llegan al cuerpo a través de tres vías principales: ingestión, inhalación y contacto con la piel.
La ingestión es la vía más estudiada. El agua embotellada es una de las mayores fuentes individuales, con un promedio de aproximadamente 94 partículas de microplástico por litro, alrededor de 22 veces más que el agua del grifo, según estimaciones recopiladas por Environmental Science & Technology. Los alimentos almacenados o calentados en recipientes de plástico liberan partículas adicionales, y los mariscos, especialmente los moluscos consumidos enteros, transfieren microplásticos directamente. Bolsas de té, sal marina e incluso miel han dado positivo.
La inhalación se reconoce cada vez más como una importante vía de exposición. Los microplásticos en el aire provienen de fibras de ropa sintética, el desgaste de los neumáticos, el polvo urbano y los procesos industriales. Las estimaciones sugieren que las personas en América del Norte inhalan aproximadamente 10.000 partículas por día, mientras que los residentes de regiones fuertemente industrializadas en Asia Oriental pueden inhalar muchas más.
El contacto dérmico juega un papel menor pero documentado. Los productos de cuidado personal (exfoliantes, pastas de dientes y cosméticos) alguna vez contuvieron microesferas de plástico intencionales, y aunque muchos países las han prohibido, las partículas secundarias aún persisten en el suelo y el agua.
Dónde se acumulan
Una vez dentro del cuerpo, los microplásticos entran en el torrente sanguíneo y viajan ampliamente. Los investigadores ahora los han detectado en al menos 15 tejidos y fluidos humanos diferentes, incluidos el hígado, el bazo, el colon, los pulmones, la placenta y la leche materna, según una revisión en Nature Medicine.
El cerebro está generando particular alarma. Un estudio de 2024 de la Universidad de Nuevo México encontró que las concentraciones de plástico en el tejido cerebral eran más altas que en el hígado o los riñones, y que los niveles parecían haber aumentado en aproximadamente un 50 por ciento en solo ocho años. La mayoría de las partículas eran de polietileno, el plástico utilizado en bolsas y botellas, y aparecían como fragmentos a nanoescala, similares a astillas. Los mismos investigadores encontraron de tres a cinco veces más plástico en los cerebros de personas diagnosticadas con demencia en comparación con controles sanos.
Los estudios placentarios añaden otra preocupación. La investigación presentada en la Sociedad de Medicina Materno-Fetal encontró concentraciones más altas de microplásticos en las placentas de bebés nacidos prematuramente, lo que sugiere un posible vínculo entre la acumulación de plástico y el parto prematuro.
Qué muestra la evidencia sobre la salud
Los estudios de laboratorio y en animales han relacionado la exposición a microplásticos con estrés oxidativo, daño al ADN, inflamación y alteración del microbioma intestinal. La investigación en cultivos celulares muestra que los plásticos pueden desencadenar cambios en la actividad genética asociados con el riesgo de cáncer, como han señalado investigadores de Stanford Medicine.
En humanos, los estudios observacionales han encontrado correlaciones entre niveles más altos de microplásticos fecales y la gravedad de la enfermedad inflamatoria intestinal. Un estudio publicado en Science Advances demostró que los microplásticos circulantes pueden causar bloqueos celulares en los capilares cerebrales, formando coágulos de sangre y reduciendo el flujo sanguíneo en ratones, un mecanismo que podría ayudar a explicar los hallazgos sobre la demencia.
Sin embargo, los científicos advierten que la prueba directa de daño en humanos sigue siendo limitada. La mayoría de los estudios son a corto plazo o transversales, y la investigación epidemiológica a largo plazo apenas está comenzando. La relación dosis-respuesta (cuánto plástico causa un daño medible) aún no se comprende bien.
Un problema que está creciendo
La producción mundial de plástico se ha duplicado desde 2000 y se prevé que se triplique para 2060. Los humanos ahora ingieren aproximadamente seis veces más microplásticos que en 1990, según Health Policy Watch. Con menos del 10 por ciento del plástico producido alguna vez reciclado, la carga ambiental, y por extensión, la exposición humana, continúa aumentando.
Mientras los investigadores trabajan para cerrar las brechas de evidencia, el consenso científico se mueve en una dirección: los microplásticos son ubicuos, se acumulan y el cuerpo nunca fue diseñado para manejarlos. La pregunta ya no es si están dentro de nosotros, sino cuánto importa.