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Cómo las ondas cerebrales del sueño predicen el riesgo de demencia

Los científicos ahora pueden estimar la 'edad cerebral' a partir de patrones eléctricos registrados durante el sueño, y una diferencia entre la edad cerebral y la edad real puede indicar demencia años antes de que aparezcan los síntomas.

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Redakcia
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Cómo las ondas cerebrales del sueño predicen el riesgo de demencia

Tu cerebro revela secretos mientras duermes

Cada noche, a medida que la conciencia se desvanece, el cerebro inicia una secuencia de ritmos eléctricos orquestada con precisión. Estas ondas cerebrales, medidas mediante electroencefalografía o EEG, han ayudado durante mucho tiempo a los médicos a diagnosticar la epilepsia y los trastornos del sueño. Ahora, los investigadores están descubriendo que los patrones de grano fino ocultos dentro de esas señales nocturnas pueden predecir algo mucho más trascendental: el riesgo de desarrollar demencia años antes de que aparezca el primer síntoma.

Qué hace el cerebro durante el sueño

El sueño no es un único estado uniforme. Aproximadamente cada 90 minutos, el cerebro alterna entre el sueño de movimientos oculares no rápidos (NREM) y el sueño de movimientos oculares rápidos (REM). Durante el NREM, la actividad eléctrica cambia a través de distintas fases. La etapa 1 produce ondas alfa y theta de baja frecuencia a medida que la vigilia se desvanece. La etapa 2 introduce los husos del sueño: ráfagas breves y rápidas de actividad alrededor de 10-12 Hz que duran uno o dos segundos. La etapa 3, conocida como sueño profundo o de ondas lentas, está dominada por grandes ondas delta ondulantes por debajo de 3 Hz.

Cada tipo de onda tiene un propósito. Las ondas delta apoyan la restauración física y la eliminación de residuos metabólicos, incluidas las proteínas beta-amiloides implicadas en la enfermedad de Alzheimer. Los husos del sueño son fundamentales para la consolidación de la memoria, el proceso por el cual el cerebro transfiere nueva información del almacenamiento a corto plazo al almacenamiento a largo plazo. Las interrupciones en cualquiera de estos patrones pueden afectar la cognición con el tiempo.

El concepto de 'edad cerebral'

Las métricas tradicionales del sueño (tiempo total de sueño, minutos dedicados a cada etapa, la frecuencia con la que una persona se despierta) les dicen a los médicos sorprendentemente poco sobre el riesgo futuro de demencia. Análisis combinados anteriores de grandes cohortes no encontraron ninguna relación significativa entre esas medidas convencionales y el posterior deterioro cognitivo, según una investigación de la UC San Francisco.

El avance se produjo al mirar más profundamente. Un equipo dirigido por investigadores de la UCSF y el Beth Israel Deaconess Medical Center en Boston entrenó un modelo de aprendizaje automático en 13 características microestructurales de las señales de EEG del sueño (características sutiles invisibles a simple vista) para estimar la "edad cerebral" de una persona. Cuando la edad cerebral excede la edad cronológica, los científicos llaman a la diferencia la brecha de edad cerebral, y parece ser una poderosa señal de alerta temprana.

Lo que muestra la investigación

En un estudio publicado en JAMA Network Open, los investigadores analizaron datos de EEG de aproximadamente 7000 participantes de entre 40 y 94 años extraídos de cinco cohortes basadas en la comunidad. Ninguno tenía demencia al momento de la inscripción. Durante los períodos de seguimiento que oscilaron entre 3,5 y 17 años, aproximadamente 1000 participantes desarrollaron la afección.

El hallazgo fue contundente: por cada aumento de 10 años en la brecha de edad cerebral, el riesgo de demencia aumentó aproximadamente en un 39 por ciento. Los participantes cuyas ondas cerebrales parecían más jóvenes que su edad real tenían un riesgo significativamente menor. Crucialmente, la asociación se mantuvo incluso después de que los investigadores controlaron la educación, el índice de masa corporal, el tabaquismo, la actividad física, el uso de medicamentos para dormir y el alelo APOE ε4, el factor de riesgo genético conocido más fuerte para la enfermedad de Alzheimer.

Por qué es importante

La demencia afecta actualmente a más de 55 millones de personas en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud, y se prevé que esa cifra casi se triplique para 2050. La detección temprana sigue siendo uno de los mayores desafíos en el campo. Para cuando la pérdida de memoria se vuelve notoria, generalmente ya se ha producido un daño cerebral sustancial.

El EEG del sueño ofrece una ventana no invasiva y relativamente económica a la salud del cerebro. A diferencia de las tomografías PET o las punciones lumbares que se utilizan para detectar placas amiloides, un EEG se puede realizar durante una sola noche en un laboratorio del sueño, o potencialmente en casa con dispositivos portátiles. Los investigadores prevén un futuro en el que el monitoreo rutinario del sueño señale una edad cerebral elevada, lo que provocaría una intervención más temprana a través de cambios en el estilo de vida, ensayos clínicos o terapias emergentes.

Del laboratorio a la cabecera

Quedan obstáculos importantes. Los modelos de edad cerebral basados en el EEG del sueño necesitan validación en poblaciones más diversas. Las diademas y los relojes inteligentes portátiles que registran el EEG están mejorando, pero aún carecen de la precisión de los equipos de grado clínico. Y una gran brecha de edad cerebral es un indicador de riesgo, no un diagnóstico: muchas personas con ondas cerebrales de apariencia más antigua pueden nunca desarrollar demencia.

Aún así, la dirección es clara. Los susurros eléctricos de un cerebro dormido transmiten información que los chequeos convencionales pasan por alto. A medida que el aprendizaje automático refina su capacidad para decodificar esas señales, una simple noche de sueño puede convertirse en una de las herramientas de detección más poderosas de la medicina para el deterioro cognitivo.

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