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Cómo los róvers detectan moléculas orgánicas en Marte

Los róvers marcianos utilizan laboratorios químicos en miniatura para calentar, disolver y analizar rocas marcianas, buscando las moléculas basadas en carbono que podrían sugerir la existencia de vida antigua.

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Redakcia
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Cómo los róvers detectan moléculas orgánicas en Marte

Un laboratorio químico sobre ruedas

En algún lugar del polvoriento suelo del cráter Gale, un robot del tamaño de un coche pequeño está haciendo química. El róver Curiosity de la NASA lleva un conjunto de instrumentos conocidos colectivamente como Análisis de Muestras en Marte (SAM), un laboratorio en miniatura capaz de rastrear las moléculas basadas en carbono que los científicos consideran los componentes básicos de la vida. Comprender cómo los róvers realmente encuentran estas moléculas revela el ingenio detrás de una de las búsquedas científicas más ambiciosas de la humanidad.

¿Qué cuenta como una molécula "orgánica"?

En química, orgánico no significa "producido por un ser vivo". Simplemente se refiere a moléculas construidas alrededor de enlaces carbono-carbono o carbono-hidrógeno. Los meteoritos entregan compuestos orgánicos a las superficies planetarias todo el tiempo, y los procesos geológicos pueden crearlos sin que intervenga la biología. El desafío en Marte no es solo encontrar compuestos orgánicos, sino determinar si se formaron a través de la vida, la geología o la entrega cósmica.

Esa distinción importa enormemente. Ciertos patrones (relaciones isotópicas específicas, estructuras moleculares repetidas o asociaciones con minerales particulares) podrían servir como biofirmas, evidencia de que la vida existió alguna vez. Los róvers están diseñados para catalogar estas pistas, incluso si una respuesta definitiva sigue siendo difícil de alcanzar.

Paso uno: perforar la roca

La detección comienza con un taladro montado en el brazo robótico del róver. Curiosity selecciona objetivos de roca basados en el contexto geológico: los sedimentos arcillosos depositados por agua antigua son candidatos principales. El taladro pulveriza la roca en un polvo fino, que luego se canaliza hacia las cámaras internas de SAM. Todo el proceso debe evitar la contaminación de productos químicos de origen terrestre transportados a bordo del róver, un constante dolor de cabeza para la ingeniería.

Paso dos: calentar y olfatear

El método estándar de SAM es la pirólisis: calentar la muestra en polvo en un pequeño horno a temperaturas que superan los 800 °C. A medida que la roca se hornea, los gases atrapados escapan. Estos vapores pasan a través de un cromatógrafo de gases, un tubo largo enrollado que separa la mezcla en componentes moleculares individuales según la rapidez con la que cada uno se mueve a través de la columna. Los gases separados luego ingresan a un espectrómetro de masas, que identifica cada molécula por su relación masa-carga en un rango de 2 a 535 daltons.

Esta técnica, conocida como cromatografía de gases-espectrometría de masas (GC-MS), es el caballo de batalla de la detección orgánica en Marte. Ha confirmado la presencia de clorobenceno, tiofenos y otros pequeños compuestos de carbono en la lutolita marciana.

Paso tres: química húmeda: el avance

Algunas de las moléculas más interesantes (aminoácidos, ácidos grasos y otros compuestos grandes centrales para la biología) se descomponen o permanecen invisibles a altas temperaturas. Para atraparlos, SAM lleva nueve copas selladas de disolvente químico para una técnica llamada química húmeda.

En este enfoque, una muestra de roca se deja caer en una copa que contiene hidróxido de tetrametilamonio (TMAH) disuelto en metanol. El reactivo fuertemente alcalino hidroliza la muestra, cortando moléculas grandes de las superficies minerales y rompiéndolas en fragmentos más pequeños y volátiles. Luego, el horno calienta la mezcla a alrededor de 550 °C, y los gases liberados fluyen hacia la misma línea GC-MS para su identificación.

Este método resultó ser espectacularmente exitoso. En los resultados publicados en Nature Communications, el primer experimento TMAH de Curiosity detectó más de 20 compuestos orgánicos en arenisca de 3.500 millones de años, incluidos siete nunca antes vistos en Marte. Entre ellos se encontraban heterociclos que contienen nitrógeno (moléculas en forma de anillo con estructuras similares a los precursores del ADN) y benzotiofeno, la molécula aromática confirmada más grande identificada como autóctona del Planeta Rojo.

Por qué es importante

Cada nueva detección amplía el catálogo de química marciana y demuestra que la superficie del planeta puede preservar moléculas orgánicas durante miles de millones de años. Esa preservación es crítica: si alguna vez existió vida antigua en Marte, sus huellas químicas aún pueden ser legibles en el registro de rocas.

Las futuras misiones irán más allá. El róver Perseverance de la NASA está sellando muestras de rocas en tubos para su eventual regreso a la Tierra, donde los laboratorios a gran escala pueden aplicar técnicas mucho más allá de lo que puede transportar cualquier róver. El róver Rosalind Franklin de la Agencia Espacial Europea perforará hasta dos metros por debajo de la superficie, alcanzando capas protegidas de la dura radiación que degrada los compuestos orgánicos en la parte superior.

Por ahora, el trabajo de detective continúa un agujero de perforación a la vez: un químico robótico que lee pacientemente el diario molecular de un mundo que puede no haber estado siempre muerto.

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