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Kast asume Chile: el mayor giro a la derecha desde 1990

José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile el 11 de marzo de 2026 en Valparaíso, con Javier Milei y el rey Felipe VI entre los invitados, consolidando el viraje conservador más pronunciado del país desde el retorno a la democracia y reforzando una tendencia regional que remodela el mapa político de América Latina.

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Redakcia
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Kast asume Chile: el mayor giro a la derecha desde 1990

Un nuevo ciclo político en el Cono Sur

El abogado y político conservador José Antonio Kast juró como el 38.º presidente de Chile el miércoles 11 de marzo de 2026 en el Salón de Honor del Congreso Nacional de Valparaíso, ante más de 1.150 personas entre legisladores, jefes de Estado y delegaciones internacionales. Con ese acto, Chile cierra cuatro años de gobierno izquierdista bajo Gabriel Boric y abre una nueva era que analistas describen como el giro ideológico más pronunciado del país desde la recuperación de la democracia en 1990.

Kast, fundador del Partido Republicano —del que se desafiló antes de tomar posesión—, obtuvo más del 58 % de los votos en la segunda vuelta de diciembre de 2025 frente a la candidata del Partido Comunista, Jeannette Jara, logrando la mayor ventaja electoral desde el retorno al sistema democrático y conquistando todas las regiones del país.

La ceremonia: entre alianzas y ausencias simbólicas

La lista de invitados trazó con nitidez las nuevas coordenadas geopolíticas de Santiago. Entre los presentes destacaron el rey Felipe VI de España, el presidente argentino Javier Milei, y los mandatarios de Ecuador, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Costa Rica, Honduras, Panamá y República Dominicana. La imagen de Milei junto a Kast en el estrado condensó visualmente la alianza que ambos líderes han prometido construir en la región.

Las ausencias fueron igual de elocuentes. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva canceló su asistencia en el último momento, al igual que la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum y el colombiano Gustavo Petro, configurando una fractura visible entre los dos bloques en que se divide hoy América Latina.

El "gobierno de emergencia": seguridad, economía y reconstrucción

En su discurso inaugural, Kast anunció un programa articulado en torno a tres grandes crisis que, según afirmó, exigen respuesta urgente: la inseguridad ciudadana, el deterioro económico y la reconstrucción de las regiones de Ñuble, Biobío y La Araucanía, devastadas por incendios forestales. El nuevo presidente prometió deportaciones masivas de migrantes irregulares, el cierre efectivo de la frontera norte y la creación de una coalición militar «anticartel» coordinada con Washington.

Horas después de la ceremonia, la violencia marcó la jornada con el ataque a un sargento de Carabineros en Puerto Varas. Kast respondió de inmediato: «Quienes atacan a Carabineros nos atacan a todos. Los perseguiremos, los encontraremos, los juzgaremos y los encarcelaremos», mientras su ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, viajaba al lugar de los hechos.

El mapa regional se redibuja

Con Kast en el poder, Chile se convierte en el sexto país de América del Sur gobernado por la derecha, junto a Argentina, Bolivia, Perú, Paraguay y Ecuador. La tendencia, aunque con matices —México, Brasil y Colombia permanecen bajo gobiernos de izquierda—, es percibida por politólogos como un ciclo de reacción cultural y política ante el aumento de la inseguridad, la inflación y el descontento con las élites progresistas.

España observa el proceso con especial atención. Chile es uno de los principales destinos de inversión española en América Latina y ambos países comparten lazos históricos, culturales y económicos profundos. La presencia del rey Felipe VI en la inauguración subraya el interés de Madrid por mantener relaciones fluidas con el nuevo ejecutivo, independientemente del color político.

Desafíos por delante

Kast asume sin mayoría parlamentaria y deberá negociar con partidos de centro-derecha para aprobar su agenda legislativa. La prensa internacional, desde Bloomberg hasta la BBC, subraya la paradoja de un mandatario con ambiciones transformadoras pero con escaso respaldo institucional en el Congreso. La gran pregunta que deja la jornada del 11 de marzo es si el entusiasmo electoral se traducirá en gobernabilidad real o si Chile vivirá cuatro años de bloqueo institucional al estilo de sus vecinos.

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