La guerra civil de Sudán: qué es y por qué es importante
Desde abril de 2023, Sudán está devastado por una brutal guerra civil entre su ejército y una poderosa fuerza paramilitar, creando la mayor crisis humanitaria del mundo, aunque sigue siendo en gran medida invisible para la opinión pública mundial.
La mayor crisis ignorada del mundo
Sudán alberga lo que las Naciones Unidas denominan la mayor emergencia humanitaria del planeta, pero rara vez domina los titulares internacionales. Desde abril de 2023, dos facciones militares rivales libran una guerra devastadora en todo el país, que ha causado cientos de miles de muertos, el desplazamiento de más de 13 millones de personas y ha empujado a millones más al borde de la hambruna. Para comprender cómo comenzó este conflicto, es necesario remontarse décadas atrás a la turbulenta historia de Sudán.
Las dos fuerzas que destrozan Sudán
La guerra enfrenta a dos poderosas organizaciones militares. Por un lado, están las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF), el ejército nacional oficial del país, dirigidas por el general Abdel Fattah al-Burhan. Por otro, están las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un grupo paramilitar comandado por el general Mohamed Hamdan Dagalo, ampliamente conocido como Hemedti. Hasta 2023, ambos eran aliados que habían tomado el poder conjuntamente en un golpe de Estado en 2021 que descarriló la frágil transición democrática de Sudán. Lo que transformó a los aliados en enemigos fue una amarga disputa sobre quién controlaría el futuro de Sudán y su ejército.
Los sangrientos orígenes de las RSF
Las RSF no surgieron de la nada. Sus raíces se encuentran en los Janjaweed, las milicias árabes que se hicieron tristemente célebres durante el genocidio de Darfur de 2003-2005, cuando el gobierno sudanés las armó para aplastar los movimientos rebeldes en el oeste de Sudán. La campaña resultante de asesinatos en masa, violaciones y quema de aldeas dejó un saldo estimado de 300.000 muertos y 2,5 millones de desplazados.
En 2013, el presidente Omar al-Bashir formalizó a estos combatientes en las RSF y nombró a Hemedti como su comandante. Durante la década siguiente, las RSF se convirtieron en una fuerza bien financiada con su propio imperio económico, particularmente en el lucrativo sector de la minería de oro de Sudán, y desplegaron combatientes en conflictos en Libia y Yemen, construyendo influencia internacional. En 2023, las RSF ya no eran solo una fuerza paramilitar auxiliar; eran un ejército rival.
Qué desató la guerra de 2023
El detonante inmediato fue una disputa sobre la integración de las RSF en el ejército regular. Mientras Sudán intentaba una transición de vuelta a un gobierno civil, los socios internacionales presionaron para que las RSF fueran absorbidas por las SAF. Las dos partes no pudieron ponerse de acuerdo sobre los plazos o las condiciones: las SAF exigieron la integración en un plazo de dos años; Hemedti insistió en diez. Cada uno temía lo que la pérdida del mando autónomo significaría para su poder y riqueza.
El 15 de abril de 2023, explosiones y disparos sacudieron Jartum. Los combatientes de las RSF atacaron simultáneamente el palacio presidencial, la sede de la televisión nacional y las bases militares. Las SAF respondieron desde el aire. En cuestión de horas, un país de 48 millones de habitantes estaba en guerra consigo mismo.
El coste humano: desplazamiento, hambruna y genocidio
La magnitud del sufrimiento en Sudán es asombrosa. Según las Naciones Unidas, se estima que 33,7 millones de personas, aproximadamente dos tercios de la población de Sudán, necesitan asistencia humanitaria. Más de 13,6 millones de personas han sido desplazadas, lo que convierte la crisis de desplazamiento de Sudán en la mayor del mundo, superando incluso a Ucrania y Gaza.
La hambruna se ha apoderado de partes de Darfur y Kordofán del Sur. La ONU estima que 21 millones de personas se enfrentan a una grave inseguridad alimentaria, y unas 375.000 sufren hambre a nivel de hambruna. El sistema de salud de Sudán ha sido llevado al borde del colapso, con más de un tercio de todos los centros de salud que ya no funcionan.
La situación en Darfur ha suscitado la más grave condena. En enero de 2025, el Departamento de Estado de EE. UU. determinó formalmente que las RSF habían cometido genocidio contra las comunidades no árabes de la región. Una misión de investigación de la ONU encontró por separado "indicios de genocidio" en la conducta de las RSF, incluido el asesinato sistemático de hombres y niños por motivos étnicos y el uso generalizado de la violencia sexual como arma de guerra.
Por qué el mundo no está mirando
A pesar de su magnitud, la guerra de Sudán ha tenido dificultades para captar la atención mundial sostenida. Varios factores contribuyen a esto: el conflicto carece de un villano narrativo simple reconocible para el público occidental; el acceso para periodistas y trabajadores humanitarios ha sido severamente restringido por ambas partes; y las crisis simultáneas en Ucrania, Gaza y otros lugares compiten por el espacio en los medios y la financiación de los donantes.
Los esfuerzos de mediación internacional, liderados en varios momentos por la Unión Africana, Arabia Saudí y Estados Unidos, se han estancado repetidamente. Ni las SAF ni las RSF han mostrado voluntad de negociar de buena fe, y las potencias externas han complicado el panorama suministrando armas en secreto a su bando preferido.
Qué viene después
La guerra de Sudán no tiene un final claro a la vista. Las SAF han logrado avances territoriales en algunas zonas, incluido el fin de un largo asedio de las RSF a la ciudad de El Obeid a principios de 2026. Pero las RSF siguen controlando grandes extensiones de Darfur y otras regiones occidentales. Para millones de civiles sudaneses, la realidad inmediata es el hambre, el desplazamiento y el peligro, en una crisis que el mundo aún no ha llegado a comprender del todo.