¿Qué son los nanoplásticos y por qué están en todas partes?
Los nanoplásticos, fragmentos de plástico más pequeños que una bacteria, se han encontrado en océanos, sangre e incluso cerebros humanos. Aquí se explica cómo se forman, dónde terminan y qué sabe la ciencia sobre sus riesgos.
El problema invisible del plástico
Durante años, los científicos lucharon por dar cuenta de todo el plástico que la humanidad ha producido. Millones de toneladas entran en los océanos anualmente, pero los estudios de superficie siempre se quedaban cortos. El misterio ahora se ha resuelto, y la respuesta es inquietante. Gran parte de ese plástico nunca desapareció. Se fragmentó en partículas tan pequeñas que se volvieron invisibles para los instrumentos convencionales. Estos fragmentos, llamados nanoplásticos, se miden en milmillonésimas de metro y ahora se encuentran en agua de mar, aire, alimentos, sangre humana e incluso tejido cerebral.
¿Qué son exactamente los nanoplásticos?
Los nanoplásticos son fragmentos de polímeros sintéticos más pequeños que una micrómetro (1.000 nanómetros), más pequeños que la mayoría de las bacterias. Se forman cuando los artículos de plástico más grandes se degradan por la luz solar (fotodegradación), el calor, la abrasión física y la meteorización química. Una botella de agua desechada, una chaqueta de poliéster deshilachada o un neumático que se desmorona se rompen gradualmente en microplásticos y luego en nanoplásticos. Algunos nanoplásticos también se liberan directamente durante los procesos de fabricación y de productos de consumo como cosméticos y pinturas.
Debido a su tamaño minúsculo, los nanoplásticos se comportan de manera diferente a los desechos más grandes que llegan a las playas. Permanecen suspendidos en las columnas de agua, se desplazan a través de las corrientes de aire y, lo que es crucial, penetran en las membranas biológicas que bloquean las partículas más grandes.
27 millones de toneladas solo en el Atlántico Norte
Un estudio de 2026 realizado por investigadores de la Universidad de Utrecht encontró nanoplásticos en cada ubicación y profundidad muestreada en todo el Atlántico Norte, estimando aproximadamente 27 millones de toneladas de contaminación por nanoplásticos solo en esa cuenca oceánica. Las concentraciones fueron más altas cerca de la superficie, alrededor de 18 miligramos por metro cúbico, pero cantidades significativas llegaron al fondo del océano profundo. Los hallazgos sugieren que los nanoplásticos pueden representar una proporción mayor de la contaminación total por plásticos oceánicos en masa que los desechos visibles que flotan en la superficie.
Dentro del cuerpo humano
Los nanoplásticos entran en el cuerpo a través de tres vías principales: la ingestión de alimentos y agua contaminados, la inhalación de partículas en el aire desprendidas de textiles y neumáticos sintéticos y la absorción dérmica. Una vez dentro, su pequeño tamaño les permite cruzar barreras que detienen partículas más grandes.
Un estudio histórico publicado en Nature Medicine encontró que las concentraciones de micro y nanoplásticos en el tejido cerebral humano eran de 7 a 30 veces mayores que en las muestras de hígado o riñón. Las partículas, principalmente polietileno, el plástico más común del mundo, aparecieron como fragmentos a nanoescala similares a astillas. Los estudios en animales muestran que las partículas de tamaño nanométrico pueden llegar al cerebro en dos horas después de la ingestión al cruzar la barrera hematoencefálica, una hazaña que las partículas de plástico más grandes no pueden lograr.
¿Cuáles son los riesgos para la salud?
La investigación aún se encuentra en sus primeras etapas, y los científicos enfatizan que la presencia de nanoplásticos en el tejido no prueba automáticamente el daño. Sin embargo, los estudios de laboratorio y en animales han levantado varias banderas rojas:
- Inflamación y estrés oxidativo: Los nanoplásticos pueden desencadenar respuestas inmunitarias y dañar las células a través de especies reactivas de oxígeno.
- Autoestopistas químicos: Su gran superficie atrae contaminantes orgánicos persistentes como PCB, dioxinas y disruptores endocrinos como el BPA, lo que podría transportar toxinas a lo profundo de los tejidos.
- Preocupaciones reproductivas: Se han detectado nanoplásticos en tejido placentario y crías de mamíferos, lo que sugiere que pueden cruzar la barrera placentaria.
- Resistencia a los antibióticos: Algunas investigaciones indican que los nanoplásticos en el agua pueden fortalecer las bacterias, lo que genera preocupación por la resistencia a los antimicrobianos.
Una revisión en The Lancet Planetary Health señala posibles vínculos con trastornos metabólicos, cardiovasculares, respiratorios y neurológicos, pero advierte que aún no se han establecido relaciones causales en humanos.
Por qué la detección tardó tanto
Los nanoplásticos evadieron a los científicos durante décadas porque los métodos de muestreo estándar los filtraban. Las redes utilizadas para los estudios oceánicos suelen tener tamaños de malla de 300 micrómetros, cientos de veces más grandes que una partícula de nanoplástico. Solo los avances recientes en técnicas como la cromatografía de gases de pirólisis-espectrometría de masas y la espectroscopia Raman han hecho posible identificar y cuantificar estas partículas de manera confiable.
Qué sigue
Con la mejora de la tecnología de detección, los investigadores se apresuran a responder la pregunta crítica: ¿en qué concentración los nanoplásticos se vuelven peligrosos para la salud humana? Se están llevando a cabo estudios epidemiológicos a gran escala y los organismos reguladores están comenzando a considerar los nanoplásticos junto con los microplásticos en la política ambiental. Hasta que lleguen esas respuestas, la ciencia apunta en una dirección incómoda: el plástico no desaparece. Simplemente se hace más pequeño.