Cómo funciona el embargo de EE. UU. a Cuba y por qué persiste
El embargo estadounidense a Cuba es el embargo comercial más largo de la historia moderna, con una duración de más de seis décadas. Aquí se explica cómo funciona, por qué el Congreso lo convirtió en ley y por qué ningún presidente ha podido ponerle fin.
El embargo más largo de la historia moderna
Estados Unidos ha mantenido amplias sanciones económicas contra Cuba durante más de seis décadas, lo que lo convierte en el embargo comercial más antiguo de la historia moderna. Lo que comenzó como una represalia de la Guerra Fría se ha convertido en un complejo marco legal y político que ningún presidente estadounidense, independientemente de su partido, ha logrado desmantelar. Para comprender cómo funciona el embargo, es necesario rastrear sus orígenes, su arquitectura legal y las fuerzas políticas que lo mantienen vivo.
Cómo empezó
Las raíces del embargo se remontan a 1959, cuando la revolución de Fidel Castro derrocó al gobierno de Fulgencio Batista, respaldado por Estados Unidos. Castro inicialmente buscó relaciones amistosas con Washington, pero la relación se deterioró rápidamente. Cuando el presidente Dwight Eisenhower prohibió a las compañías petroleras estadounidenses vender a Cuba, Castro nacionalizó sus refinerías. Estados Unidos respondió recortando la cuota de importación de azúcar de Cuba, y Castro se apoderó de más activos estadounidenses.
Después del fallido desembarco de Bahía de Cochinos en 1961 y la alineación formal de Cuba con la Unión Soviética, el presidente John F. Kennedy proclamó un embargo comercial total el 3 de febrero de 1962. La orden prohibió virtualmente todas las exportaciones a Cuba y congeló los activos del gobierno cubano en Estados Unidos.
Cómo funciona realmente el embargo
El embargo no es una sola ley, sino un sistema estratificado de órdenes ejecutivas, estatutos federales y regulaciones del Departamento del Tesoro aplicadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). Sus mecanismos clave incluyen:
- Prohibición comercial: Las empresas estadounidenses no pueden exportar bienes o servicios a Cuba, con estrechas excepciones para alimentos, medicinas y suministros humanitarios.
- Restricciones financieras: Las entidades cubanas están en gran medida aisladas del sistema bancario estadounidense, y las transacciones denominadas en dólares que involucran a Cuba enfrentan severas limitaciones.
- Controles de viaje: Los turistas estadounidenses no pueden visitar Cuba libremente. Los viajes solo están permitidos bajo categorías específicas de licencia de la OFAC, como periodismo, investigación académica o visitas familiares.
- Sanciones a terceros: Las empresas extranjeras que trafiquen con propiedades confiscadas a ciudadanos estadounidenses por el gobierno cubano pueden enfrentar demandas en los tribunales estadounidenses.
Por qué el Congreso lo convirtió en ley
Durante sus primeras tres décadas, el embargo existió principalmente a través de órdenes ejecutivas presidenciales, lo que significa que cualquier presidente podía modificarlo o levantarlo. Eso cambió en 1996 con la Ley Helms-Burton, formalmente conocida como Ley de Libertad y Solidaridad Democrática Cubana. La ley fue desencadenada por el derribo de dos aviones civiles operados por el grupo cubano-americano Hermanos al Rescate en febrero de 1996.
La Ley Helms-Burton codificó el embargo en la ley federal, despojando al presidente del poder de levantar unilateralmente las sanciones. Según el estatuto, el embargo solo puede eliminarse por completo si Cuba celebra elecciones libres, libera a los presos políticos y realiza una transición a un gobierno democrático. Esto significa que incluso un presidente que quiera poner fin al embargo no puede hacerlo sin una ley del Congreso.
El péndulo de la política presidencial
Si bien los presidentes no pueden eliminar el embargo, conservan una importante autoridad de licencia para flexibilizarlo o endurecerlo. El presidente Barack Obama utilizó este poder para restablecer las relaciones diplomáticas en 2014, facilitar las restricciones de viaje y permitir vuelos comerciales limitados. El presidente Donald Trump revirtió muchas de esas aperturas, reimponiendo estrictas limitaciones de viaje y restringiendo las transacciones financieras con entidades vinculadas al ejército cubano.
El enfoque de cada administración refleja un cálculo político más amplio. La comunidad cubano-americana de Florida, históricamente de línea dura en la política hacia Cuba, tiene una influencia desmesurada en un estado indeciso crítico, lo que brinda a los políticos fuertes incentivos para mantener o fortalecer las sanciones.
¿Ha funcionado?
Según la mayoría de las mediciones, el embargo ha fracasado en lograr su objetivo principal de forzar un cambio de régimen. El gobierno comunista de Cuba ha sobrevivido a todos los presidentes estadounidenses desde Kennedy. Según la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, el embargo ha "fracasado en lograr cualquiera de sus objetivos políticos declarados al tiempo que exige un alto costo humano". Cuba estima pérdidas acumuladas que superan los 144.000 millones de dólares.
La Asamblea General de las Naciones Unidas ha votado abrumadoramente en contra del embargo casi todos los años desde 1992, y solo Estados Unidos e Israel suelen votar para mantenerlo. Los críticos argumentan que castiga a los cubanos de a pie al tiempo que le da al gobierno un conveniente chivo expiatorio para los fracasos económicos. Los partidarios argumentan que levantar las sanciones recompensaría a un régimen autoritario sin asegurar reformas democráticas.
Por qué sigue siendo importante
El embargo a Cuba sigue siendo un caso de estudio sobre cómo las políticas de la Guerra Fría pueden arraigarse políticamente mucho después de que su justificación original se desvanece. Con las sanciones codificadas en la ley, un Congreso dividido y el peso electoral de Florida, el embargo ha demostrado ser mucho más fácil de imponer que de eliminar, independientemente de si logra sus objetivos declarados.