Cómo mide la CPI la hambruna: de la fase 1 a la fase 5
La Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria es el estándar mundial para medir el hambre. Aquí se explica cómo funciona su escala de cinco fases, qué desencadena una declaración de hambruna y por qué los críticos dicen que subestima el número de personas que padecen hambre.
Un lenguaje común para el hambre
Cuando las Naciones Unidas declaran que una región se enfrenta a la hambruna, el anuncio no surge de la intuición de una sola agencia. Se basa en un marco técnico denominado Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria, o CPI, una escala estandarizada que traduce datos complejos sobre alimentación, nutrición y mortalidad en una única calificación de gravedad. Los gobiernos, las organizaciones de ayuda y los donantes utilizan esa calificación para decidir a dónde se destinan miles de millones de dólares en ayuda humanitaria cada año.
Comprender cómo funciona la CPI es importante porque la palabra "hambruna" tiene un enorme peso político y financiero. Una clasificación demasiado tardía puede costar miles de vidas; una clasificación demasiado laxa puede desviar recursos escasos.
Orígenes y estructura
La CPI fue creada en 2004 por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura para su uso en Somalia, donde las crisis superpuestas hacían casi imposible comparar los datos de seguridad alimentaria entre regiones. Hoy en día, una asociación mundial de 19 organizaciones, entre ellas el Programa Mundial de Alimentos, UNICEF y FEWS NET, mantiene el sistema, que se ha aplicado en más de 30 países.
El marco clasifica las zonas en cinco fases de inseguridad alimentaria aguda:
- Fase 1 — Mínima: Los hogares pueden satisfacer las necesidades esenciales de alimentos y no alimentos.
- Fase 2 — Bajo Estrés: Los hogares tienen alimentos mínimamente adecuados, pero no pueden permitirse algunos elementos esenciales como la educación o la atención sanitaria.
- Fase 3 — Crisis: Los hogares se enfrentan a importantes carencias alimentarias o están agotando sus bienes para sobrevivir. La malnutrición aguda es elevada.
- Fase 4 — Emergencia: Los hogares se enfrentan a carencias alimentarias extremas, una malnutrición aguda muy alta y un exceso de mortalidad.
- Fase 5 — Catástrofe/Hambruna: La inanición, la muerte y la indigencia están generalizadas. Cuando toda una zona cumple el umbral, la clasificación pasa de "Catástrofe" (a nivel de hogar) a "Hambruna" (a nivel de zona).
Qué desencadena una declaración de hambruna
La fase 5 — Hambruna es la clasificación más difícil de activar, por diseño. Deben cumplirse simultáneamente los tres umbrales de resultados en una zona determinada:
- Privación de alimentos: Al menos el 20 por ciento de los hogares se enfrenta a una falta extrema de alimentos.
- Malnutrición aguda: La tasa de malnutrición aguda global (MAG) entre los niños alcanza el 30 por ciento o más.
- Mortalidad: La tasa bruta de mortalidad supera las dos muertes por cada 10.000 personas al día.
La CPI distingue además entre una hambruna clasificada con pruebas sólidas (datos directos y fiables para los tres indicadores) y una clasificada con pruebas razonables, en la que los analistas disponen de datos sólidos para dos indicadores y pueden inferir razonablemente el tercero. Este enfoque de dos niveles se introdujo para que las zonas de conflicto con acceso humanitario limitado, donde la recopilación de datos de mortalidad es peligrosa o imposible, puedan seguir recibiendo una clasificación de hambruna cuando las circunstancias lo justifiquen claramente.
Incluso entonces, la clasificación debe superar una Revisión de Hambruna, un paso adicional de garantía de calidad en el que participan expertos independientes, antes de que se publique oficialmente.
Cómo se recopilan los datos
Los análisis de la CPI se basan en el consenso. Grupos de trabajo técnicos de analistas capacitados de gobiernos, agencias de la ONU y ONG se reúnen para evaluar los datos de múltiples fuentes externas: encuestas de consumo de alimentos en los hogares, seguimiento de los precios de mercado, exámenes de nutrición, datos meteorológicos por satélite y cifras de desplazamiento. Siguen un protocolo estructurado establecido en el Manual Técnico de la CPI, pero el juicio de los expertos desempeña un papel importante, sobre todo cuando los datos concretos son escasos.
Este modelo de consenso es a la vez la fuerza del sistema y una fuente de críticas. Impide que una sola organización controle la narrativa, pero también puede ralentizar el proceso cuando las sensibilidades políticas son altas.
Críticas: ¿La CPI subestima el hambre?
Un estudio de 2025 publicado en Nature Food reveló que las estimaciones mundiales de inseguridad alimentaria subestiman sistemáticamente a las personas con necesidades agudas, en aproximadamente un 20 por ciento. Los investigadores concluyeron que una de cada cinco personas que padecen hambre puede no ser registrada, en parte porque los análisis de la CPI se basan en datos que son más difíciles de recopilar precisamente donde las crisis son peores.
Otros críticos, incluidos investigadores que escriben en Science, argumentan que el alto listón probatorio para una declaración de Fase 5 puede retrasar la ayuda vital. Para cuando se documentan los tres umbrales de hambruna, es posible que ya hayan muerto miles de personas.
Los defensores del sistema replican que un estándar riguroso protege la credibilidad de la clasificación. Si la hambruna se declarara con demasiada facilidad, podría producirse fatiga de los donantes y la etiqueta perdería su poder para movilizar recursos de emergencia.
Por qué es importante
Los organismos internacionales y los gobiernos utilizan los análisis de la CPI para asignar más de 6.000 millones de dólares en ayuda humanitaria al año. La clasificación determina qué crisis reciben financiación de emergencia, qué poblaciones reciben lanzamientos aéreos de alimentos y qué regiones se priorizan para los programas de nutrición. Para millones de personas en lugares como Sudán, Gaza y el Cuerno de África, la diferencia entre la fase 3 y la fase 4, o entre la fase 4 y la fase 5, puede ser la diferencia entre recibir ayuda y quedarse sin ella.