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Cómo planean los científicos cultivar alimentos en la Luna

Mientras la humanidad se prepara para regresar a la Luna para estancias prolongadas, los científicos se apresuran a resolver uno de los problemas más difíciles de la exploración espacial: cómo cultivar alimentos en suelo lunar.

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Redakcia
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Cómo planean los científicos cultivar alimentos en la Luna

Por qué es importante la agricultura lunar

Alimentar a los astronautas en un tránsito de seis meses a Marte o en una base lunar permanente, únicamente desde la Tierra, no es ni práctico ni asequible. Cada kilogramo lanzado desde la Tierra cuesta miles de dólares, y el desafío logístico de abastecer un puesto de avanzada distante con alimentos frescos sería enorme. La solución, creen los investigadores, reside en la propia Luna, específicamente en la capa de roca y polvo rotos que cubre su superficie, conocida como regolito lunar.

El objetivo no es romántico. Cultivar alimentos en tierra lunar es un problema complejo de ingeniería y biología, en el que los científicos han estado trabajando durante años. Los recientes avances sugieren que finalmente podría estar al alcance.

¿Qué es el regolito lunar?

El regolito lunar es el material suelto y fragmentado que cubre la superficie de la Luna, creado durante miles de millones de años por el bombardeo de meteoritos y la radiación cósmica. A diferencia del suelo de la Tierra, no contiene materia orgánica, ni compuestos de nitrógeno en forma utilizable, ni un ecosistema microbiano. También es extremadamente abrasivo: diminutos fragmentos vidriosos que pueden dañar tanto el equipo como los pulmones.

Lo que sí contiene el regolito lunar es una variedad de minerales (sílice, óxidos de hierro, calcio, magnesio y azufre) que son esenciales para el crecimiento de las plantas. El desafío es hacer que esos nutrientes sean accesibles para las plantas vivas.

El primer hito: plantas en suelo lunar real

En 2022, científicos de la Universidad de Florida lograron un primer hito histórico: cultivaron plantas en suelo lunar real recolectado por los astronautas del Apolo 11, 12 y 17. Trabajando con solo 12 gramos de preciosa tierra lunar, aproximadamente unas pocas cucharaditas, el equipo plantó semillas de Arabidopsis thaliana, una pequeña planta con flores comúnmente utilizada en la investigación de laboratorio.

Los resultados fueron sorprendentes. Casi todas las semillas germinaron, lo que demuestra que el suelo lunar no bloquea las señales hormonales básicas que las plantas necesitan para brotar. Pero las plantas mostraron claros signos de estrés: crecieron más lentamente, eran más pequeñas y expresaron genes asociados con el manejo de metales pesados y la toxicidad de la sal. El suelo lunar real, resultó, es un medio de cultivo hostil, pero no imposible.

La NASA describió el experimento como un primer paso fundamental hacia el soporte vital biorregenerativo: sistemas que utilizan organismos vivos para reciclar el aire, el agua y los alimentos en misiones de larga duración.

El avance del garbanzo de 2026

Un avance importante se produjo a principios de 2026, cuando un equipo que trabajaba con la Universidad Texas A&M publicó resultados en Scientific Reports que mostraban que los garbanzos, un cultivo alimenticio rico en proteínas, podían cultivarse y cosecharse a partir de suelo lunar simulado. Esta fue la primera vez que un cultivo alimenticio se había sembrado realmente en un simulante de regolito lunar.

El ingrediente clave no fue un nuevo fertilizante, sino un hongo. Los investigadores recubrieron las semillas de garbanzo con hongos micorrícicos arbusculares (HMA) antes de plantarlas. Estos hongos forman una relación simbiótica con las raíces de las plantas, expandiendo drásticamente su capacidad para absorber nutrientes y al mismo tiempo bloqueando la absorción de metales pesados tóxicos. El equipo también agregó vermicompost, excrementos de lombrices ricos en nutrientes, al medio de cultivo.

Las plantas en mezclas de hasta un 75% de simulante lunar produjeron semillas con éxito. En un simulante al 100%, ninguna de las plantas sobrevivió el tiempo suficiente para florecer, un recordatorio de que los desafíos restantes son importantes.

Los principales obstáculos

Los investigadores han identificado varias barreras persistentes para la agricultura lunar:

  • Deficiencia de nitrógeno: El regolito lunar prácticamente no contiene nitrógeno biológicamente disponible, que las plantas necesitan para construir proteínas y ADN. Las futuras granjas pueden necesitar depender del nitrógeno entregado desde la Tierra, reciclado de los desechos de los astronautas o fijado por microbios especializados.
  • Radiación: La Luna no tiene campo magnético ni atmósfera para proteger contra la radiación solar, que puede dañar el ADN de las plantas. Es probable que los invernaderos deban construirse bajo tierra o estar fuertemente protegidos.
  • Gravedad: Con un sexto de la gravedad de la Tierra, el agua y los nutrientes se mueven de manera diferente a través del suelo, lo que complica el riego y el crecimiento de las raíces.
  • Temperaturas extremas: Las temperaturas de la superficie lunar oscilan entre alrededor de 127 °C a la luz del sol y -173 °C en la sombra, lo que hace que los entornos cerrados con clima controlado sean esenciales.

Enfoques alternativos: hidroponía y reciclaje de residuos

Muchos investigadores argumentan que intentar cultivar directamente en el regolito puede ser el camino más difícil. La Agencia Espacial Europea ha estado investigando un enfoque híbrido: extraer minerales del regolito y disolverlos en agua para alimentar sistemas hidropónicos, donde las plantas crecen en líquido rico en nutrientes en lugar de en el suelo. Un equipo en el Centro Espacial Kennedy de la NASA está probando cómo las aguas residuales procesadas, recicladas de las aguas residuales de los astronautas, interactúan con los simulantes lunares y marcianos para producir soluciones nutritivas listas para las plantas.

Estos sistemas de soporte vital biorregenerativo (BLiSS) formarían un circuito cerrado: los astronautas comen alimentos, producen desechos, que se reciclan en nutrientes, que alimentan más alimentos. La Luna, en esta visión, se convierte en un campo de pruebas para los sistemas sostenibles de los que dependerán las misiones a Marte.

El camino por delante

Con el programa Artemis de la NASA apuntando a una presencia humana sostenida cerca del polo sur lunar a finales de la década de 2020, y varias agencias espaciales persiguiendo sus propias ambiciones lunares, la presión para resolver la agricultura lunar se está intensificando. Cultivar incluso una fracción de la dieta de un astronauta en el sitio reduciría drásticamente los costos de reabastecimiento y mejoraría la resiliencia de la misión.

Los científicos son cautelosos pero optimistas. La Luna es inhóspita, pero también lo fue, en su día, cada granja en la Tierra.

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