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FCAS: última oportunidad para el caza europeo

Francia y Alemania se dan de plazo hasta mediados de abril de 2026 para salvar el programa FCAS, el proyecto de caza de sexta generación de 100.000 millones de euros paralizado por el pulso entre Dassault y Airbus.

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Redakcia
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FCAS: última oportunidad para el caza europeo

Un ultimátum a mediados de abril

El programa FCAS (Future Combat Air System), también conocido como SCAF en Francia, atraviesa su crisis más grave desde su lanzamiento en 2017. Berlín y París se han fijado un último plazo hasta mediados de abril de 2026 para encontrar un acuerdo sobre el reparto industrial del proyecto, sin el cual el programa corre el riesgo de ser sencillamente enterrado.

Este plazo, dictado en particular por los plazos presupuestarios federales alemanes, se produce tras meses de bloqueo. La fase 2 del programa, que debía comenzar en abril, ya está comprometida, y el vuelo del demostrador del New Generation Fighter (NGF), previsto para 2026, parece ahora irrealizable.

Dassault contra Airbus: el nudo del conflicto

En el centro del estancamiento se encuentra una importante disputa industrial entre Dassault Aviation, líder francés, y Airbus Defence and Space, que representa a Alemania y España. Dassault reclama el liderazgo en el diseño del NGF, fuerte de su experiencia en el desarrollo autónomo del Rafale. Airbus, por su parte, exige un papel decisorio igual e incluso ha propuesto un enfoque con dos aviones distintos: uno franco-francés y otro germano-español.

El CEO de Dassault, Éric Trappier, no se anduvo con rodeos: «Si Airbus mantiene su posición de no querer trabajar con Dassault, entonces el proyecto está muerto», advirtió, añadiendo que el grupo encontraría «otros socios si fuera necesario».

España, rehén de la situación

España, tercer socio del programa, representada por Indra, se encuentra en una frustrante posición de espera. Su CEO, José Vicente de los Mozos, ha instado a Francia y Alemania a superar sus diferencias: «Todo el mundo tiene la responsabilidad de hacer que este proyecto tenga éxito», declaró a Euractiv. Madrid apoya, no obstante, la lógica alemana del reparto proporcional: «Si pagamos el 33%, obtenemos el 33% de la carga de trabajo».

Alternativas ya sobre la mesa

La señal más preocupante para el futuro del FCAS quizás provenga de Berlín. Alemania ha entablado conversaciones con la sueca Saab, fabricante del Gripen, dando a entender que explora alternativas en caso de fracaso de las negociaciones. Esta iniciativa refuerza la percepción de que el programa, estimado en 100.000 millones de euros y destinado a sustituir las flotas de Rafale y Eurofighter en el horizonte de 2040, ya no es considerado imprescindible por todos sus participantes.

El programa competidor GCAP (Global Combat Air Programme), impulsado por el Reino Unido, Italia y Japón, avanza por su parte de manera más fluida, lo que acentúa la presión sobre los socios del FCAS.

Un asunto de soberanía europea

Más allá de las disputas industriales, lo que está en juego es la credibilidad de la defensa europea. El canciller alemán Friedrich Merz ha subrayado que las necesidades militares de Francia —en particular la capacidad nuclear y el despliegue desde un portaaviones— difieren sensiblemente de las de la Bundeswehr. Emmanuel Macron, por su parte, ha declarado que su papel era «asegurarse de que lleguen a un acuerdo».

Si mediados de abril pasa sin avances, el FCAS podría convertirse en el símbolo más costoso de la incapacidad europea para construir una defensa común. La factura de los estudios ya realizados —1.800 millones de euros por parte francesa— seguirá siendo, eso sí, bien real.

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