Qué es el IMC y por qué los expertos dicen que es un indicador defectuoso
El índice de masa corporal ha guiado las decisiones médicas durante décadas, pero científicos y médicos advierten cada vez más que esta fórmula de 200 años clasifica erróneamente a millones de personas y puede hacer más daño que bien.
Una fórmula de 200 años que aún rige la medicina
Súbase a una báscula en cualquier consultorio médico y su peso casi con seguridad se convertirá en un solo número: su índice de masa corporal, o IMC. Calculado dividiendo el peso en kilogramos por la altura en metros al cuadrado, el IMC clasifica a las personas en categorías: bajo peso, normal, sobrepeso u obesidad. Las aseguradoras lo utilizan como referencia, las agencias de salud pública lo rastrean y las guías clínicas dependen de él. Sin embargo, un coro creciente de médicos e investigadores argumenta que esta métrica es peligrosamente simplista.
Cómo se inventó el IMC y por qué
El IMC nunca fue diseñado para medir la salud. En la década de 1830, el estadístico belga Adolphe Quetelet ideó la fórmula mientras intentaba definir las proporciones del "hombre promedio" para la investigación en ciencias sociales. No tenía ningún interés en la obesidad o el diagnóstico individual. Su índice languideció en el ámbito académico hasta principios del siglo XX, cuando las compañías de seguros de vida notaron que los asegurados con más peso morían antes. Los actuarios construyeron tablas de altura y peso basadas libremente en el trabajo de Quetelet, y el número entró en la medicina convencional.
El término "índice de masa corporal" en sí mismo no apareció hasta 1972, cuando el fisiólogo estadounidense Ancel Keys defendió la relación como la herramienta de detección a nivel poblacional más práctica. Es crucial destacar que Keys lo probó casi exclusivamente en hombres blancos europeos y norteamericanos, una limitación que aún persigue a la fórmula.
Dónde se queda corto el IMC
El problema central es sencillo: el IMC no puede distinguir la grasa del músculo, el hueso o el agua. Un atleta delgado con masa muscular densa puede registrarse como "sobrepeso", mientras que una persona sedentaria con exceso de grasa visceral alrededor de los órganos internos puede caer en el rango "normal". Una investigación presentada en el Congreso Europeo sobre Obesidad de 2026 encontró que el IMC clasificó erróneamente a más de un tercio de los participantes en comparación con escáneres avanzados de composición corporal.
La fórmula también ignora dónde se almacena la grasa. La grasa abdominal que envuelve los órganos, la llamada grasa visceral, está fuertemente relacionada con las enfermedades cardiovasculares, la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2. La grasa almacenada en las caderas y los muslos conlleva mucho menos riesgo metabólico. El IMC trata a ambas por igual.
El sesgo demográfico agrava el problema. Debido a que el índice se calibró en poblaciones masculinas blancas, puede subestimar o sobreestimar los riesgos para la salud de las mujeres, los adultos mayores y las personas de diferentes orígenes étnicos. Un estudio de la Universidad de Florida demostró que el IMC es un mal predictor de la mortalidad futura en diversas poblaciones.
Consecuencias en el mundo real
La clasificación errónea no es meramente académica. Los médicos que se apoyan en gran medida en el IMC pueden pasar por alto problemas metabólicos en pacientes con "peso normal" o prescribir intervenciones innecesarias para pacientes musculosos. Según Yale Medicine, una dependencia excesiva del número también puede introducir un estigma basado en el peso, lo que provoca que los pacientes retrasen o eviten la atención médica por completo.
Qué funciona mejor
Los organismos médicos ahora instan a los médicos a mirar más allá del IMC. La Asociación Médica Estadounidense reconoció formalmente sus limitaciones y recomienda combinarlo con otras medidas:
- Circunferencia de la cintura: una cinta métrica alrededor de la sección media detecta la peligrosa grasa visceral. El riesgo aumenta por encima de 102 cm en hombres y 88 cm en mujeres.
- Relación cintura-estatura: mantener la cintura por debajo de la mitad de la altura es un indicador simple y respaldado por la investigación de la salud metabólica.
- Escáneres DEXA: la absorciometría de rayos X de energía dual proporciona datos precisos sobre la grasa corporal y la masa magra, aunque es más costosa y menos accesible.
- Índice de redondez corporal (BRI): una métrica más nueva que tiene en cuenta la circunferencia de la cintura y la cadera junto con la altura, ofreciendo una imagen más completa que el IMC solo.
En resumen
El IMC sigue siendo útil como una herramienta de detección poblacional rápida y gratuita, que señala tendencias generales en la salud pública en millones de personas. Pero aplicarlo como un diagnóstico individual definitivo es algo que su inventor nunca pretendió y que la ciencia moderna ya no apoya. La próxima vez que un médico cite su IMC, la pregunta de seguimiento más importante puede ser: ¿qué más está midiendo?