Economía

Qué es la isla de Kharg y por qué controla el petróleo de Irán

Este afloramiento de coral de 22 kilómetros cuadrados en el Golfo Pérsico gestiona aproximadamente el 90% de las exportaciones de petróleo crudo de Irán. Así es como funciona la isla de Kharg, por qué se ha vuelto indispensable y qué significaría su destrucción para los mercados energéticos mundiales.

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Redakcia
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Qué es la isla de Kharg y por qué controla el petróleo de Irán

Un afloramiento de coral con un poder desmesurado

A unos 25 kilómetros de la costa suroeste de Irán, en el norte del Golfo Pérsico, se encuentra una isla de coral de apenas 22 kilómetros cuadrados, sin grandes ciudades y con una población modesta. Sin embargo, la isla de Kharg procesa aproximadamente el 90% de las exportaciones de petróleo crudo de Irán, gestionando alrededor de 950 millones de barriles al año. Pocos accidentes geográficos tan pequeños tienen un peso tan desmesurado en la economía mundial.

Por qué Kharg se volvió irremplazable

Los campos petrolíferos de Irán están situados muy tierra adentro, y la mayor parte de la costa del país es demasiado poco profunda para los enormes superpetroleros —formalmente llamados Very Large Crude Carriers (VLCC)— que transportan el petróleo a los mercados mundiales. Kharg es una rara excepción: aguas profundas rodean la isla, lo que permite que los VLCC que transportan hasta dos millones de barriles atraquen directamente en los muelles de la terminal.

El petróleo crudo de tres importantes campos marinos —Aboozar, Forouzan y Dorood— llega a través de oleoductos submarinos, se procesa en la isla y luego se almacena en parques de tanques con capacidad para 31 millones de barriles. A plena capacidad, la instalación puede cargar 10 superpetroleros simultáneamente e inyectar aproximadamente 7 millones de barriles diarios en el mercado. Pocas terminales petroleras en el mundo igualan ese rendimiento.

De isla prisión a centro energético

El valor estratégico de Kharg es anterior al petróleo. Los portugueses la tomaron durante su expansión colonial, seguidos por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, que construyó un fuerte allí en 1752. Las fuerzas locales expulsaron a los holandeses en 1766. En el siglo XX, Reza Shah Pahlavi utilizó la isla aislada como lugar de exilio político. Su transformación en un centro petrolero comenzó en 1958, cuando se puso en marcha la terminal.

Tras la Revolución Islámica de Irán de 1979, el papel de Kharg se hizo aún más central. Dado que las rutas de oleoductos a través de los países vecinos se consideraban políticamente poco fiables, Teherán concentró casi toda su infraestructura de exportación marítima en una sola isla, una decisión impulsada por la geopolítica, pero que creó una vulnerabilidad estructural que nunca se ha resuelto por completo.

Atacada antes... y aún en pie

Durante la guerra Irán-Irak (1980-1988), la aviación iraquí bombardeó repetidamente Kharg en un intento de cortar los ingresos petroleros de Irán y paralizar su economía de guerra. Los ataques causaron graves daños. La respuesta de Irán fue improvisada pero ingeniosa: construyó plataformas de carga flotantes en alta mar —apodadas terminales "Sea Island"— más al sur en el Golfo, lo que permitió a los petroleros cargar crudo desde una distancia más segura.

La guerra demostró tanto la vulnerabilidad de la isla como la determinación de Irán de proteger su capacidad de exportación a casi cualquier precio. Hoy en día, Kharg está fuertemente militarizada y operada bajo la supervisión del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

¿Existe una alternativa?

Irán ha invertido en una alternativa significativa: la terminal de Jask, situada en el Golfo de Omán, al sur del Estrecho de Ormuz, que Irán completó en 2021. La ventaja es estratégica: el petróleo exportado desde Jask evita por completo el Estrecho de Ormuz, eliminando un posible punto de estrangulamiento. Pero la capacidad de Jask alcanza un máximo de unos 300.000 barriles diarios, una fracción de lo que Kharg gestiona diariamente. En el futuro previsible, no existe un sustituto realista.

Lo que está en juego a nivel mundial

La mayor parte del crudo iraní se vende a China, que lo compra con un descuento a pesar de las sanciones occidentales. Kharg es el embudo a través del cual esos ingresos —decenas de miles de millones de dólares anuales— fluyen hacia el presupuesto estatal iraní.

Los analistas estiman que la inhabilitación de Kharg podría elevar los precios mundiales del petróleo a 150 dólares por barril o más, un nivel que infligiría graves daños económicos a las naciones importadoras de energía de todo el mundo. Esto crea una paradoja estratégica: la propia importancia de la isla puede ofrecerle una medida de protección, ya que cualquier agresor debe sopesar la conmoción económica mundial que seguiría a su destrucción.

Un único punto de fallo

Lo que distingue a Kharg de la infraestructura de otros grandes productores de petróleo es su extrema concentración de riesgo. Arabia Saudí divide las exportaciones entre Ras Tanura y Yanbu. Rusia realiza envíos desde Novorossiysk y Primorsk. Irak opera la terminal petrolera de Basora por separado de los puntos de carga en tierra. La dependencia casi total de Irán de una pequeña isla es una anomalía entre los principales productores, producto de las sanciones, las guerras regionales y décadas de falta de inversión en una infraestructura diversificada.

Para cualquiera que intente comprender cómo funciona el mercado mundial del petróleo, la isla de Kharg es un sorprendente recordatorio de que el flujo de energía —que sigue siendo el elemento vital de la economía moderna— puede depender de un único afloramiento de coral, sus oleoductos y sus muelles en el Golfo Pérsico.

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