Cómo funciona el sistema político de Haití y por qué colapsó
Haití se prepara para sus primeras elecciones generales en una década, con más de 280 partidos políticos registrados para competir. Este artículo explica cómo está estructurado el gobierno semipresidencial de Haití, cómo funcionan sus elecciones y por qué las instituciones democráticas se derrumbaron.
Un marco democrático construido sobre las ruinas de la dictadura
El sistema político de Haití nació de las ruinas de la tiranía. Después de casi tres décadas del brutal régimen de la familia Duvalier, que terminó en 1986, legisladores, juristas e historiadores haitianos redactaron una nueva constitución, ratificada por más del 90 por ciento de los votantes en marzo de 1987. El documento fue diseñado, sobre todo, para evitar el regreso de un caudillo, pero sus intrincados controles y equilibrios se convertirían más tarde en una fuente de estancamiento institucional permanente.
La constitución de 1987 estableció una república semipresidencial, inspirada en gran medida en el modelo de la Quinta República Francesa. El poder ejecutivo se divide entre un Presidente elegido directamente, que actúa como jefe de Estado, y un Primer Ministro, que encabeza el gobierno y debe contar con una mayoría parlamentaria. El presidente no puede ejercer mandatos consecutivos y tiene un mandato de cinco años.
El Parlamento y cómo funcionan las elecciones
La autoridad legislativa reside en una Asamblea Nacional bicameral compuesta por dos cámaras. La Cámara de Diputados tiene 99 miembros elegidos en circunscripciones uninominales para mandatos de cuatro años. El Senado tiene 30 miembros elegidos para mandatos de seis años, renovándose un tercio cada dos años. Ambas cámaras utilizan un sistema de mayoría a dos vueltas: si ningún candidato obtiene una mayoría absoluta en la primera vuelta, los dos candidatos más votados se enfrentan en una segunda vuelta. La misma lógica de dos vueltas se aplica a la carrera presidencial.
La organización de las elecciones recae en un organismo creado por esa misma constitución de 1987: el Conseil Électoral Provisoire (CEP), o Consejo Electoral Provisional. La constitución preveía el CEP como una institución temporal hasta que se pudiera establecer un consejo electoral permanente. Más de tres décadas después, Haití nunca logró esa transición. El CEP sigue siendo provisional de nombre y, según argumentan los críticos, en credibilidad, lo que convierte cada ciclo electoral en una nueva negociación sobre quién controla el organismo que supervisa la votación, como documenta la Red de Conocimiento Electoral ACE.
La cascada de fracasos institucionales
La fragilidad del sistema se hizo plenamente visible entre 2017 y 2021. El Parlamento cayó en un punto muerto, el poder judicial se deterioró y la administración pública se quedó sin fondos. El presidente Jovenel Moïse, que había estado gobernando por decreto después de que la legislatura perdiera su quórum, fue asesinado en su casa el 7 de julio de 2021, un acto de violencia que aceleró el colapso de todas las instituciones restantes. Como señaló la Organización de las Naciones Unidas, Haití se quedó sin un solo funcionario electo en ningún nivel de gobierno: ni presidente, ni legislatura, ni alcaldes.
En ese vacío entraron bandas armadas. Según el International Crisis Group, las bandas se expandieron rápidamente después del final de la misión de mantenimiento de la paz de la ONU, MINUSTAH, en 2017, y en 2024 fueron responsables de más de 5.600 asesinatos y más de 1.400 secuestros en un solo año. Más de 1,4 millones de personas han sido desplazadas y aproximadamente 6,4 millones, más de la mitad de la población, necesitan ayuda humanitaria.
El experimento del Consejo de Transición
A principios de 2024, bajo una intensa presión regional negociada por CARICOM (la Comunidad del Caribe), se formó un Consejo Presidencial de Transición de nueve miembros para dirigir a Haití hacia las elecciones. Siete miembros tenían derecho a voto, representando a los principales partidos políticos de Haití; dos ocupaban escaños de observadores. El consejo rotaba su presidencia cada cinco meses. Pero rápidamente cayó en la misma disfunción que debía curar: las acusaciones internas de corrupción, las luchas internas y el repetido aplazamiento de las elecciones socavaron la confianza pública, como había advertido el United States Institute of Peace que era probable.
El consejo se disolvió en febrero de 2026, transfiriendo todo el poder al Primer Ministro Alix Didier Fils-Aimé, dejándolo como la única autoridad ejecutiva del país.
¿Pueden las elecciones restaurar la democracia?
Un récord de 280 partidos políticos se registraron para las elecciones generales previstas en Haití, las primeras desde 2016, según NPR. Los analistas señalan que el entusiasmo por la participación democrática sigue siendo fuerte entre los haitianos, pero la logística es desalentadora. Los territorios controlados por las bandas, una autoridad electoral débil y una historia de resultados disputados significan que la celebración de elecciones creíbles es tanto una operación de seguridad como una operación política.
La constitución de Haití dio al país un sofisticado proyecto democrático. Que el país pueda finalmente ejecutarlo depende menos del texto de ese documento que de si las bandas, los políticos y los socios internacionales pueden construir suficiente orden y confianza para permitir que los haitianos realmente voten.