Salud

La obesidad sarcopénica aumenta la mortalidad en un 83%

Un estudio de seguimiento de 12 años revela que la combinación de grasa abdominal y baja masa muscular, conocida como obesidad sarcopénica, incrementa el riesgo de mortalidad general en un 83% en personas mayores de 50 años. Hungría se ve particularmente afectada, ya que lucha contra una de las tasas de obesidad más altas de Europa.

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Redakcia
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La obesidad sarcopénica aumenta la mortalidad en un 83%

Combinación letal: grasa abdominal y pérdida de masa muscular

Un amplio estudio realizado por un equipo de investigación brasileño-británico ha revelado que, en adultos mayores de 50 años, la presencia conjunta de obesidad abdominal y baja masa muscular —lo que se conoce como obesidad sarcopénica— aumenta el riesgo de mortalidad general en un 83%. Los investigadores de la Federal University of São Carlos y el University College London llegaron a esta conclusión tras un seguimiento de 12 años a 5440 participantes, y publicaron sus hallazgos en la revista Aging Clinical and Experimental Research.

La obesidad sarcopénica desencadena un círculo vicioso autodestructivo: el tejido adiposo produce sustancias inflamatorias que aceleran la degradación muscular, mientras que la disminución de la masa muscular ralentiza el metabolismo, favoreciendo una mayor acumulación de grasa. Esta combinación es mucho más peligrosa que cualquiera de las dos condiciones por separado.

El IMC no lo detecta

Uno de los mensajes más importantes de la investigación es que el índice de masa corporal (IMC) tradicional no es capaz de detectar la obesidad sarcopénica. Una persona con un IMC normal puede verse afectada si su composición corporal es desfavorable, es decir, con mucha grasa abdominal y poca masa muscular. Sin embargo, los investigadores demostraron que la afección puede detectarse mediante mediciones clínicas sencillas: la medición de la circunferencia abdominal (considerada de riesgo por encima de 102 cm en hombres y 88 cm en mujeres) y la estimación del índice de masa muscular son posibles sin necesidad de costosas pruebas de imagen.

Un análisis sistemático y metaanálisis de 2025, que resumió los datos de 578 408 participantes, confirmó que la obesidad sarcopénica aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares en un 95% y eleva la mortalidad cardiovascular en un 64%.

Hungría: especialmente vulnerable

El hallazgo es especialmente preocupante para Hungría. El país es una de las naciones más obesas de Europa: más de la mitad de la población adulta tiene sobrepeso u obesidad, y según datos de la OCDE, se encuentra entre los primeros puestos a nivel mundial. La situación se agrava porque el 56% de los húngaros nunca practica deporte en su tiempo libre, una cifra muy superior a la media de la UE, y la actividad física se limita principalmente al trabajo y las tareas domésticas, en lugar de ejercicio físico específico.

El envejecimiento de la sociedad, el estilo de vida sedentario y la alta tasa de obesidad crean un caldo de cultivo perfecto para la propagación de la obesidad sarcopénica. La esperanza de vida media al nacer en Hungría es casi 5 años inferior a la media de la UE, y las enfermedades crónicas relacionadas con la obesidad desempeñan un papel fundamental en esta diferencia.

La clave para la prevención: ejercicio y proteínas

La literatura científica es clara: la prevención y el tratamiento más eficaces de la obesidad sarcopénica consisten en realizar ejercicios de resistencia (pesas) 2-3 veces por semana, combinados con ejercicio aeróbico. La Sociedad Europea de Nutrición Clínica y Metabolismo (ESPEN) recomienda a las personas mayores al menos 1,0-1,2 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día, con 25-30 gramos de proteína de calidad en cada comida, una cantidad significativamente superior a la que se consume en la dieta húngara típica.

Los investigadores subrayan que la detección y el tratamiento tempranos de la obesidad sarcopénica no sólo pueden salvar vidas, sino también reducir la carga del sistema sanitario. En Hungría, esto requeriría una transformación de los programas de prevención: la detección basada únicamente en el IMC es insuficiente, y las pruebas de composición corporal y la medición de la fuerza muscular deberían formar parte de la atención primaria.

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