Economía

La UE sortea a Fico: Kiev recibirá 30.000 millones de euros de forma bilateral

Los países nórdicos y bálticos de la UE han acordado préstamos bilaterales para Ucrania por un total de 30.000 millones de euros, evitando así el veto de Eslovaquia y Hungría al paquete conjunto de 90.000 millones de euros. El detonante de la disputa es el dañado oleoducto Druzhba y las amenazas del primer ministro Fico.

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Redakcia
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La UE sortea a Fico: Kiev recibirá 30.000 millones de euros de forma bilateral

Plan B: treinta mil millones sin Bratislava ni Budapest

La Unión Europea no permitirá que el veto de dos estados miembros arruine la financiación de Kiev. Según informa el diario Politico, citando fuentes diplomáticas, los países nórdicos y bálticos han acordado préstamos bilaterales para Ucrania por un total de 30.000 millones de euros. Dado que se trata de acuerdos directos entre los distintos estados y Kiev —y no de un instrumento común de la UE— estas transacciones no requieren el consentimiento de los veintisiete miembros de la unión.

El objetivo es pragmático: mantener a Ucrania a flote financieramente al menos durante el primer semestre de 2026, mientras continúan los esfuerzos diplomáticos para desbloquear la financiación original. La suma de treinta mil millones de euros es sustancialmente inferior a los noventa mil millones de euros originales, que los líderes de la UE acordaron en diciembre del año pasado, pero es suficiente para la estabilización a corto plazo de la economía ucraniana.

La raíz de la disputa: el oleoducto Druzhba

El trasfondo inmediato del bloqueo es la disputa sobre el oleoducto Druzhba. Este dejó de transportar petróleo ruso a través de Ucrania a Eslovaquia y Hungría a finales de enero de 2026, tras ser dañado por un ataque de drones rusos cerca del nudo de Brody. Kiev afirma que la reparación requiere un alto el fuego —los trabajos en una zona de combate activa podrían durar hasta seis semanas—. Bratislava y Budapest, por el contrario, acusan al presidente Zelenski de chantaje político y exigen acceso de inspectores a la infraestructura dañada.

El primer ministro Robert Fico reaccionó con contundencia: Eslovaquia interrumpió el suministro de electricidad de emergencia a Ucrania y amenazó con vetar el préstamo de la UE. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, anunció el bloqueo el 20 de febrero. La situación se complicó aún más por una acción del servicio de inteligencia ucraniano: drones alcanzaron una estación de bombeo rusa en la República de Tartaristán, a más de mil kilómetros de la frontera con Ucrania, en la noche del 22 al 23 de febrero.

¿Qué implicaciones tiene esto para Eslovaquia?

El veto sigue formalmente vigente —lo que representa un éxito diplomático parcial para Fico—. En la práctica, sin embargo, Kiev recibirá la financiación. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dejó claro que el dinero llegará a Ucrania "de una forma u otra". Esta evolución debilita la posición negociadora de Bratislava en las próximas negociaciones: si la UE puede alcanzar su objetivo incluso sin el consentimiento eslovaco, las palancas de presión de Fico se reducen gradualmente.

Además del plan nórdico-báltico, los Países Bajos han anunciado ayuda bilateral directa por valor de 3.500 millones de euros anuales hasta 2029. El Fondo Monetario Internacional aprobó un crédito de 8.100 millones de dólares para Kiev. La financiación de Ucrania se realiza, por tanto, a través de varios canales independientes entre sí, lo que hace que cualquier veto individual sea una herramienta de presión cada vez menos eficaz.

Cumbre de la UE: última oportunidad para un acuerdo

Los líderes de la Unión Europea se reunirán el 19 de marzo en la cumbre del Consejo Europeo en Bruselas. En la agenda también figurará un intento de persuadir a Fico y Orbán para que cedan y aprueben el paquete original de noventa mil millones. Si las negociaciones fracasan, el mecanismo bilateral está preparado para ponerse en marcha de inmediato. La UE envía así una señal clara: la solidaridad con Kiev se impondrá —con o sin los países que vetan—. Para Eslovaquia, esto significa una búsqueda cada vez más difícil de un equilibrio entre los intereses de la seguridad energética y las relaciones con los socios europeos.

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