Nawrocki contra Tusk: disputa por 44.000 millones de euros para defensa
El presidente Karol Nawrocki se ha negado a firmar la ley sobre un préstamo del programa SAFE de la UE y ha propuesto su propio fondo de defensa financiado con las ganancias del NBP (Banco Nacional de Polonia). La disputa entre el presidente y el gobierno de Tusk revela profundas diferencias políticas antes de las elecciones parlamentarias de 2027.
El presidente bloquea un préstamo de la UE
El presidente Karol Nawrocki se ha negado a firmar la ley que permitiría a Polonia obtener casi 44.000 millones de euros en préstamos de defensa preferenciales de la Unión Europea en el marco del programa SAFE (Security Action for Europe). Polonia iba a ser el mayor beneficiario de este instrumento de 150.000 millones, creado en respuesta a las crecientes amenazas a la seguridad en Europa y la disminución del compromiso de Estados Unidos con la defensa del continente.
La ley que implementa el mecanismo de préstamo europeo fue aprobada por el Consejo de Ministros el 11 de febrero de 2026, y posteriormente aprobada por el Sejm (Parlamento) con enmiendas del Senado del 26 al 27 de febrero. El presidente tiene hasta el 20 de marzo de 2026 para firmar, vetar o remitir la ley al Tribunal Constitucional. Por ahora, ha decidido negarse a firmarla.
Alternativa presidencial: Fondo Polaco de Inversiones de Defensa
Nawrocki, junto con el presidente del Banco Nacional de Polonia, Adam Glapiński, ha presentado su propia concepción: el Fondo Polaco de Inversiones de Defensa, también denominado "SAFE 0%". El presidente ha presentado el correspondiente proyecto de ley en el Sejm.
El mecanismo prevé la acumulación de fondos sin contraer deuda: el fondo dispondría de una cantidad de 185.000 millones de zlotys, sin intereses ni obligaciones a largo plazo con Bruselas. La financiación procedería principalmente de los beneficios del NBP generados por el aumento del valor de las reservas de divisas y las reservas de oro. El fondo, ubicado en el Banco Gospodarstwa Krajowego, estaría gestionado bajo el patrocinio del presidente y del primer ministro, y el ministro de Defensa Nacional sería el responsable de los fondos.
Nawrocki argumenta que el préstamo de la UE conlleva el riesgo de que Polonia dependa de las condiciones externas impuestas por Bruselas, y que las obligaciones financieras podrían pesar sobre Polonia incluso hasta el año 2070.
El gobierno dice "no" y prepara un plan B
El primer ministro Donald Tusk ha rechazado rotundamente la propuesta presidencial, calificándola irónicamente de "SAFE cero zlotys". El gobierno señala que el proyecto no contiene garantías financieras reales, y que el NBP no ha transferido ni un solo zloty al presupuesto estatal procedente de beneficios en los últimos tres años. Los expertos financieros se hacen eco del gobierno, advirtiendo que un mecanismo basado en los beneficios del banco central es incierto y puede no garantizar las cantidades declaradas.
Sin embargo, Tusk ha anunciado que, incluso en caso de veto, el gobierno dispone de un "plan B" que permitirá a Polonia acceder a los fondos de la UE, aunque en una medida reducida: los fondos destinados a gastos no militares (por ejemplo, para la Guardia Fronteriza o los servicios especiales) podrían no estar disponibles.
El Comisario de la UE para la Defensa ha instado a Varsovia a adoptar el programa SAFE, subrayando la importancia estratégica de la participación de Polonia en la arquitectura de seguridad europea.
Gastos récord y trasfondo político de la disputa
El contexto de la disputa es tanto más significativo cuanto que Polonia destina en 2026 cerca del 5% del PIB a la defensa, uno de los porcentajes más altos entre los países de la OTAN. El presupuesto récord asciende a unos 200.000 millones de zlotys.
Los analistas señalan que el conflicto entre el presidente y el gobierno de Tusk va más allá de las cuestiones financieras. Nawrocki, vinculado al opositor PiS, y el primer ministro Tusk representan dos visiones diferentes de la soberanía y el lugar de Polonia en la UE. La disputa sobre SAFE se convierte en un preludio de la lucha por las elecciones parlamentarias de 2027 y en un pulso antes de la configuración a largo plazo de la política de seguridad polaca.