República Checa, octava en la UE: líder postcomunista, pero la innovación se queda atrás
La República Checa ocupa el octavo lugar en el nuevo índice de prosperidad de la UE, convirtiéndose en el líder económico entre los países postcomunistas. Sin embargo, los analistas advierten: las inversiones se dirigen a la maquinaria, no a la investigación y la propiedad intelectual, lo que amenaza con frenar el potencial de innovación en la era de la inteligencia artificial.
Octavo puesto como éxito histórico
La República Checa ha alcanzado el octavo puesto en la quinta edición del Índice de Prosperidad y Salud Financiera, elaborado por Česká spořitelna y el portal Europe in Data. Se trata del mejor resultado del país hasta la fecha en esta medición y, al mismo tiempo, de la confirmación de su posición como líder económico entre los países postcomunistas de la UE, por delante de Eslovenia, Polonia y Eslovaquia. Suecia, Alemania y Dinamarca encabezan la clasificación.
El camino hacia el octavo puesto no ha sido directo. Tras la invasión rusa de Ucrania y la consiguiente ola inflacionista, la República Checa cayó hasta el decimocuarto puesto, el año pasado volvió al noveno y este año ha subido un escalón más. "La economía checa ha demostrado una resistencia que muchos analistas no preveían", afirman los autores del índice.
Motor de crecimiento: consumo interno y salarios reales
El producto interior bruto de la República Checa creció en 2025 aproximadamente un 2,5 por ciento, siendo el consumo interno el principal motor. Los salarios reales aumentaron casi un cinco por ciento, lo que dio poder adquisitivo a los hogares. La tasa media de ahorro superó el dieciocho por ciento, significativamente más que los valores prepandémicos, por lo que el potencial para un mayor consumo sigue sin explotarse.
La República Checa también destaca por su alta tasa de robotización: 216 robots industriales por cada diez mil empleados en la manufactura, frente a sólo 81 en Polonia. La inversión como porcentaje del PIB alcanza el 26,5 por ciento, una de las más altas de la UE, y la deuda pública sigue siendo relativamente baja. Estos indicadores han asegurado a la República Checa una posición sólida en el pilar de la Situación económica.
La debilidad en el corazón del éxito: hacia dónde se dirigen las inversiones
A pesar de las cifras impresionantes, los analistas señalan una grieta estructural. Si bien la República Checa invierte mucho, invierte en las cosas equivocadas. Aproximadamente el 36 por ciento de los gastos de capital se destinan a maquinaria y equipos, es decir, a "cintas transportadoras más rápidas". Por el contrario, los estados económicamente más avanzados, como Dinamarca o Suecia, priorizan los activos intangibles: patentes, software y propiedad intelectual.
La analista de Česká spořitelna, Tereza Hrtúsová, advierte abiertamente: "Las inversiones en la República Checa no van en la dirección correcta". El valor añadido nacional en las exportaciones alcanza sólo el 58,2 por ciento, mientras que Polonia alcanza el 66,7 por ciento. La economía checa sigue siendo, por tanto, en gran medida un subcontratista sofisticado: las empresas extranjeras poseen las marcas, las patentes y los márgenes de beneficio.
El desafío llamado inteligencia artificial e industria verde
El problema se agudiza en el contexto de dos megatendencias globales: el auge de la inteligencia artificial y la transformación de la industria hacia una economía verde. Ambas olas recompensan a quienes poseen las tecnologías y las patentes, no a quienes simplemente las utilizan en la producción. Según los expertos, existe el riesgo de que la República Checa, que hasta ahora se beneficia de una mano de obra industrial barata y cualificada, se vea atrapada en la trampa de los ingresos medios si no redirige el capital hacia la investigación y el desarrollo.
La situación también se complica por la esfera educativa. Como señaló el empresario y analista Martin Vohánka, la República Checa se sitúa en la parte trasera de la UE en cuanto a la proporción de trabajadores con estudios universitarios, y la mejor universidad checa se sitúa en torno al tricentésimo puesto en las clasificaciones mundiales. Sin talento nacional que cree y posea propiedad intelectual, el cambio estructural es difícil de lograr.
El octavo puesto como advertencia, no sólo como celebración
El Índice de Prosperidad confirma que la economía checa es sana y resistente. El octavo puesto en la UE es un resultado del que se puede estar orgulloso. Al mismo tiempo, sin embargo, es un desafío: el modelo actual, una planta de ensamblaje de calidad con alta automatización, tiene su límite. La transición a una economía basada en el conocimiento y la innovación propia no es sólo un deseo académico, sino una necesidad para mantener la competitividad en las próximas décadas.