Merz en Pekín: 120 aviones Airbus y un reinicio con China
En su primer viaje a China, el canciller federal Friedrich Merz aseguró un pedido de hasta 120 aviones Airbus y buscó nuevas vías económicas, como respuesta al creciente proteccionismo comercial estadounidense bajo Trump.
Gran pedido para Airbus como punto culminante del viaje
El canciller federal Friedrich Merz ha cosechado un éxito económico en su primer viaje oficial a China (del 24 al 26 de febrero de 2026): Pekín encargó a Airbus hasta 120 aviones adicionales. Merz hizo el anuncio tras su reunión con el presidente Xi Jinping en Pekín, una fuerte señal de la profundización de las relaciones económicas germano-chinas.
El acuerdo llega en un momento estratégicamente oportuno. Apenas unas semanas antes, Air China ya había encargado 60 aviones del tipo A320 Neo. Con este nuevo gran pedido, Pekín subraya su continua dependencia de la tecnología aeronáutica europea, al menos mientras el fabricante estatal Comac no pueda competir con Airbus y Boeing.
Hangzhou: En el corazón del auge tecnológico
En el segundo día de su viaje, Merz se desplazó al centro tecnológico de Hangzhou, donde visitó la empresa de robótica Unitree Robotics y Siemens Energy. Le acompañaron unos 30 representantes del mundo empresarial, entre ellos directivos de Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz. La selección de las estaciones fue programática: Alemania quiere cooperar más estrechamente con China en los ámbitos de la robótica, la inteligencia artificial y la tecnología energética.
Merz subrayó en Hangzhou la necesidad de unas condiciones de competencia justas. El déficit comercial de Alemania con China supera actualmente los 80.000 millones de euros anuales y se ha cuadruplicado desde 2020, debido al exceso de capacidad y a las subvenciones estatales chinas. El volumen total de comercio entre ambos países ascendió a más de 250.000 millones de euros en 2025; con ello, China superó de nuevo a Estados Unidos como principal socio comercial de Alemania.
Equilibrio entre Pekín y Washington
El viaje a China es también un ejercicio de funambulismo diplomático. El presidente estadounidense Donald Trump había gravado el comercio transatlántico con aranceles de gran alcance y había obligado a Berlín a buscar alternativas. Merz utilizó Pekín como contrapeso, sin renunciar por ello a su vinculación con Washington. La Cancillería Federal subrayó que la política exterior, económica y de seguridad ya no pueden separarse.
La cuestión del papel de China en la guerra de Ucrania siguió siendo delicada. Merz instó a Xi Jinping a hacer valer su influencia sobre Moscú. En cuanto a la cuestión de Taiwán, el canciller reafirmó la política de "una sola China" de Alemania, pero insistió en una solución pacífica. Según los informes, las respuestas de Pekín fueron vagas.
Crece la presión interna
Mientras Merz marcaba la pauta en política exterior, la presión interna aumenta. La CDU/CSU se sitúa en torno al 26% en las encuestas federales, y el descontento con el Gobierno federal es alto. El 8 de marzo se celebrarán en Baden-Württemberg las primeras elecciones estatales importantes desde la formación del Gobierno, una prueba temprana del estado de ánimo. Los sondeos actuales muestran a la CDU y a los Verdes prácticamente igualados, lo que dificulta la predicción del resultado.
Se planea más cooperación
Merz anunció que ministros alemanes visitarán China y que para 2026 están previstas consultas intergubernamentales germano-chinas, por primera vez en años. Formuló cinco principios rectores para la futura política alemana hacia China: reducción de riesgos en lugar de desacoplamiento, competencia justa, integración en las estructuras europeas y reconocimiento de China como gran potencia. Las aproximadamente 5.200 empresas alemanas que operan en China probablemente acogerán con satisfacción este rumbo, aunque muchas cuestiones estructurales sigan sin resolverse.