Economía

Pakistán declara la 'guerra abierta' contra el Afganistán gobernado por los talibanes

Pakistán lanzó la Operación Furia Justa, con ataques aéreos sobre Kabul, Kandahar y Paktia, después de que Afganistán iniciara una ofensiva transfronteriza a lo largo de la Línea Durand, lo que provocó llamamientos urgentes al alto el fuego por parte de la ONU, China, Irán y Rusia, mientras la región se prepara para una mayor escalada.

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Redakcia
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Pakistán declara la 'guerra abierta' contra el Afganistán gobernado por los talibanes

Ataques aéreos y guerra abierta

Pakistán declaró la 'guerra abierta' a Afganistán el 27 de febrero de 2026, después de que su fuerza aérea atacara Kabul, Kandahar y la provincia suroriental de Paktia, en la que constituye la escalada militar más grave entre los dos vecinos desde que los talibanes tomaron el poder en agosto de 2021. La operación, bautizada como Ghazab Lil Haq ('Furia Justa'), marcó una ruptura dramática en una relación ya definida por una profunda hostilidad y desconfianza.

Los ataques se produjeron horas después de que Afganistán lanzara lo que su gobierno denominó 'operaciones ofensivas a gran escala' contra posiciones militares pakistaníes a lo largo de la disputada Línea Durand. El Ministro de Defensa de Pakistán declaró que la paciencia del país se había 'agotado', enmarcando la campaña como una respuesta a años de ataques militantes transfronterizos originados en suelo afgano.

Reclamaciones contradictorias sobre las bajas

Ambas partes han publicado cifras de bajas muy divergentes, lo que dificulta la verificación independiente. El ejército de Pakistán afirmó haber matado a 274 combatientes talibanes afganos y herido a 400 más, al tiempo que destruyó 73 puestos fronterizos y capturó más de una docena de posiciones adicionales. El gobierno de Afganistán reconoció 13 soldados muertos y 22 heridos en los ataques pakistaníes.

El portavoz talibán Zabiullah Mujahid replicó que las fuerzas afganas habían matado a 55 soldados pakistaníes y destruido 19 puestos militares. También surgieron informes no confirmados de que altos cargos talibanes, potencialmente incluido el líder supremo Hibatullah Akhundzada, que se cree que reside en Kandahar, podrían haber muerto en los ataques, afirmaciones que no pudieron ser verificadas de forma independiente.

Raíces de una disputa fronteriza colonial

El conflicto tiene sus raíces en una de las disputas territoriales más duraderas del sur de Asia. La Línea Durand, la frontera de 2.611 kilómetros trazada por las autoridades coloniales británicas en 1893, nunca ha sido reconocida formalmente por Afganistán, que argumenta que dividió artificialmente a las comunidades étnicas pastunes. Este agravio sin resolver ha alimentado la animosidad bilateral durante más de un siglo.

El detonante inmediato para Pakistán fue el Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP). Islamabad ha acusado repetidamente a los talibanes afganos de permitir que los militantes del TTP utilicen territorio afgano como plataforma de lanzamiento para ataques dentro de Pakistán. Un atentado suicida contra una mezquita chiíta en Islamabad que mató a 36 personas en febrero, y un ataque a un puesto de control en Bajaur que mató a 11 soldados, sirvieron como catalizadores próximos para la Operación Furia Justa.

Alarma global y reacciones divididas

La comunidad internacional respondió con rapidez, aunque no de forma uniforme. El Secretario General de la ONU, António Guterres, hizo un llamamiento urgente a un alto el fuego inmediato. China se declaró 'profundamente preocupada', instando a ambas partes a 'mantener la calma y ejercer la moderación'. Rusia exigió el cese de los ataques transfronterizos. El Ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, invocó el mes sagrado del Ramadán, pidiendo a ambos países que resolvieran sus diferencias 'en el marco de la buena vecindad y mediante el diálogo', y ofreció a Teherán como mediador.

Estados Unidos adoptó un tono notablemente diferente, con el Departamento de Estado expresando su apoyo al 'derecho de Pakistán a defenderse' contra los ataques de los talibanes, una postura que suscitó duras críticas de Kabul e inyectó una dimensión de gran potencia en un enfrentamiento ya de por sí volátil.

Una crisis regional en ciernes

Los analistas advierten que el conflicto corre el riesgo de desestabilizar uno de los corredores más volátiles del mundo: la encrucijada de Asia Meridional, Asia Central y Oriente Medio. Las enormes inversiones de China en Pakistán a través del Corredor Económico China-Pakistán, el acercamiento de lazos de la India con Kabul y la continua circulación de armamento estadounidense a través de los arsenales afganos amplifican las apuestas geopolíticas.

Un conflicto prolongado podría desencadenar una catástrofe humanitaria, flujos masivos de refugiados hacia estados vecinos ya sobrecargados y una mayor perturbación económica en toda la región. Con ambos gobiernos bajo una intensa presión interna para proyectar fuerza, y con la legitimidad política de los talibanes ya tenue en el país y en el extranjero, las salidas diplomáticas siguen siendo peligrosamente estrechas.

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