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Pakistán y Afganistán: guerra abierta y riesgo global

Pakistán ha declarado la guerra abierta al gobierno talibán afgano tras los ataques aéreos sobre Kabul y Kandahar. La escalada del conflicto amenaza la estabilidad regional y dificultará la lucha internacional contra el terrorismo.

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Redakcia
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Pakistán y Afganistán: guerra abierta y riesgo global

Bombas sobre Kabul: cómo se llegó a la guerra

El jueves 27 de febrero de 2026, la fuerza aérea pakistaní llevó a cabo ataques masivos sobre Kabul, Kandahar, Jalalabad y la provincia de Paktia. El ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Asif, declaró inmediatamente que su país entraba en una «guerra abierta» con el gobierno talibán afgano: la paciencia de Pakistán se ha agotado. La operación recibió el nombre de Ghazab Lil Haq, que se traduce como Ira Justa, y siguió inmediatamente a una ofensiva transfronteriza afgana en la que las fuerzas afganas atacaron puestos fronterizos pakistaníes a lo largo de la disputada línea Durand y, según su propia declaración, destruyeron 19 posiciones militares pakistaníes.

Balances de víctimas contradictorios

Ambas partes han publicado cifras de bajas dramáticamente diferentes. Islamabad afirma que 274 combatientes afganos murieron y otros 400 resultaron heridos en los ataques aéreos y los enfrentamientos terrestres; admite sus propias pérdidas en 12 soldados muertos y 27 heridos. El gobierno talibán afgano, por su parte, informa de 55 soldados pakistaníes muertos y otros capturados. Al Jazeera ni otros medios independientes han podido verificar estas cifras. También son graves los informes de víctimas civiles: la parte afgana acusa a Pakistán de bombardear una casa residencial en Jalalabad y una escuela religiosa en la provincia de Paktika.

Raíces históricas: la línea Durand y el TTP

El núcleo de la disputa se remonta a 1893, cuando la administración colonial británica trazó la línea Durand como frontera entre la India británica y Afganistán, dividiendo así las tribus pastunes por la mitad. Afganistán nunca ha reconocido formalmente esta demarcación. Pakistán acusa desde hace tiempo a Kabul de que su territorio sirve de base para Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP) —una rama pakistaní de los talibanes— y para el Estado Islámico de Khorasan (IS-K), que atacan regularmente objetivos pakistaníes. El TTP juró lealtad a los talibanes afganos, por lo que a Kabul le resulta difícil tomar medidas enérgicas contra él sin poner en peligro su propia cohesión interna, señalan analistas del centro CSIS.

Llamamientos internacionales al alto el fuego

El Secretario General de la ONU, António Guterres, ha instado a ambas partes a un alto el fuego inmediato y ha expresado su profunda preocupación por el impacto en los civiles. Irán ha ofrecido mediar en el diálogo y ha instado a los gobiernos a respetar la integridad territorial. China, Rusia, Turquía y Arabia Saudí han tomado sus propias medidas de mediación. La jefa de la diplomacia británica, Yvette Cooper, ha apelado a una rápida desescalada y a la reanudación de las negociaciones mediadas. La Unión Europea también ha advertido contra la desestabilización de toda la región de Asia Central.

Consecuencias para la seguridad: terrorismo y riesgo nuclear

Analistas del CSIS advierten que la prolongación del conflicto probablemente reducirá la presión sobre el Estado Islámico de Khorasan (IS-K) y le permitirá fortalecerse. El IS-K —responsable de una serie de ataques con alcance mundial— podría llenar el vacío de poder creado por la desestabilización de ambos países. La República Checa, que ha participado activamente en las misiones de la OTAN en Afganistán en las últimas décadas, observa la situación con preocupación. Las consecuencias globales extraordinariamente graves se ven agravadas por el hecho de que Pakistán es una potencia nuclear: cualquier escalada incontrolada adquiere así una dimensión existencial. Además, el conflicto amenaza con nuevas oleadas migratorias hacia Europa desde una región que ha sido fuente de graves crisis humanitarias en el pasado reciente.

Perspectivas: ¿diplomacia o crisis creciente?

En octubre de 2025, Qatar y Turquía mediaron en un frágil alto el fuego que se rompió en febrero de 2026. La presión internacional está aumentando ahora, pero ambas partes siguen manteniendo sus posiciones. Según analistas del CSIS, la clave para la desescalada reside en tres pasos: acciones selectivas de Pakistán exclusivamente contra el TTP en lugar de una guerra generalizada con Kabul, presión internacional sobre el gobierno talibán para que tome medidas enérgicas contra las bases militantes y la participación de un tercero en el seguimiento de cualquier acuerdo. Sin estas medidas, existe el riesgo de que la guerra fronteriza se convierta en una fuente permanente de inestabilidad con consecuencias globales de gran alcance.

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