Ciencia

Por qué los perros y los humanos comparten los mismos genes de comportamiento

Un estudio trascendental de 1300 golden retrievers descubrió que los mismos genes que impulsan la ansiedad, la capacidad de entrenamiento y la agresividad canina también moldean la depresión, la inteligencia y la sensibilidad emocional humana, lo que revela profundas raíces biológicas compartidas entre las especies.

R
Redakcia
Share
Por qué los perros y los humanos comparten los mismos genes de comportamiento

El mejor amigo del hombre, genéticamente hablando

Cuando un golden retriever tiembla ante una tormenta o se vuelve imposible de entrenar, la mayoría de la gente lo atribuye a peculiaridades de la personalidad. Pero la nueva ciencia sugiere que algo mucho más profundo está en juego: los genes que impulsan esos comportamientos son sorprendentemente similares a los genes que hacen que algunas personas sean propensas a la ansiedad, la depresión o una inteligencia excepcional. Los perros, resulta, no son solo nuestros compañeros animales más antiguos, sino que pueden ser uno de nuestros espejos biológicos más reveladores.

El estudio: 1300 perros, millones de marcadores genéticos

Un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge llevó a cabo un estudio de asociación del genoma completo (GWAS) a gran escala utilizando datos de 1300 golden retrievers de entre tres y siete años, procedentes del Estudio de por vida del Golden Retriever dirigido por la Fundación Morris Animal. El equipo examinó millones de variantes genéticas en el genoma de cada perro y las contrastó con 14 categorías de rasgos de comportamiento: desde la capacidad de entrenamiento y los niveles de energía hasta el miedo a los extraños y la agresividad hacia otros perros.

Los resultados, publicados en las Proceedings of the National Academy of Sciences, fueron sorprendentes: doce de los genes asociados con el comportamiento canino también están implicados en la personalidad, la salud mental y la cognición humanas.

¿Qué genes son y qué hacen?

Dos genes en particular destacaron en la investigación.

PTPN1 se relacionó con la agresividad hacia otros perros en los golden retrievers. En los humanos, el mismo gen se ha asociado tanto con la inteligencia como con la depresión, una combinación que ilustra cómo un solo gen puede influir en rasgos complejos y aparentemente no relacionados en diferentes contextos y especies.

ROMO1 apareció en perros con altas puntuaciones de capacidad de entrenamiento. En el genoma humano, ROMO1 se ha relacionado con la inteligencia y la sensibilidad emocional. El paralelismo sugiere que la maquinaria biológica que subyace al aprendizaje y la adaptabilidad es antigua y está conservada, compartida por mamíferos separados por decenas de millones de años de evolución.

Los investigadores también tuvieron cuidado de señalar que estos genes no determinan el comportamiento directamente. Más bien, parecen regular estados emocionales más amplios, estableciendo una especie de termostato interno para cómo los animales (y las personas) responden al estrés, la novedad y el desafío social. Un perro genéticamente predispuesto al "miedo no social" (ansiedad desencadenada por aspiradoras, autobuses o ruidos fuertes) porta una variante genética que, en los humanos, se correlaciona con la irritabilidad y la tendencia a buscar ayuda médica para el nerviosismo.

Por qué los perros y los humanos comparten estos genes

La superposición no es una coincidencia. Los humanos y los perros comparten aproximadamente el 84% de su ADN, y las dos especies han vivido en estrecha proximidad durante al menos 15 000 años, tiempo suficiente para que las presiones evolutivas paralelas actúen sobre las vías genéticas compartidas.

Una investigación publicada en Nature Communications ha demostrado que los genes relacionados con la dieta, la digestión, la función neurológica y el comportamiento social han evolucionado en tándem en ambas especies desde que comenzó la domesticación. Los perros que eran más tranquilos, más fáciles de entrenar y mejores para leer las señales sociales humanas tenían más probabilidades de prosperar junto a las personas, seleccionando eficazmente, generación tras generación, los mismos sistemas de regulación emocional que los propios humanos estaban bajo presión para desarrollar.

Esta coevolución hace que los perros sean excepcionalmente valiosos como modelo de investigación. A diferencia de los ratones de laboratorio, que se crían en condiciones artificiales, los perros viven en hogares humanos, experimentan factores estresantes similares a los humanos y desarrollan afecciones que reflejan fielmente los trastornos psiquiátricos humanos, como la ansiedad, el comportamiento compulsivo y las dificultades de atención paralelas al TDAH.

Lo que esto significa para la investigación de la salud mental

Las implicaciones se extienden mucho más allá de la atención veterinaria. Los científicos han buscado durante mucho tiempo modelos animales fiables de afecciones de salud mental humana, y los perros encajan cada vez más en ese papel. Debido a que los golden retrievers son genéticamente más uniformes que los perros de raza mixta, ofrecen una señal genética más limpia, lo que facilita el aislamiento de las variantes que importan.

Comprender que la ansiedad canina y la ansiedad humana comparten raíces genéticas podría acelerar el desarrollo de tratamientos para ambas. Un fármaco o una intervención conductual que reduzca las respuestas de miedo en los perros puede funcionar a través de la misma vía molecular en los humanos. A la inversa, los conocimientos de la genética psiquiátrica humana pueden guiar la forma en que los veterinarios abordan a los perros ansiosos o agresivos.

Como dijo uno de los investigadores de Cambridge, la genética gobierna el comportamiento, lo que hace que algunos perros, y por extensión algunas personas, estén predispuestos a encontrar el mundo estresante. Reconocer esa predisposición como biológica en lugar de un defecto de carácter abre la puerta a enfoques más compasivos y eficaces en ambas especies.

Una biología compartida, un futuro compartido

El vínculo entre los humanos y los perros es más profundo que el afecto o el hábito. Está escrito en nuestros genomas. Cada golden retriever que lucha contra el miedo o sobresale en el aprendizaje refleja, en miniatura, los mismos sistemas biológicos antiguos que dan forma a la emoción y la cognición humanas. Estudiar a los perros no es un desvío para entendernos a nosotros mismos, es una de las rutas más directas que tenemos.

Este artículo también está disponible en otros idiomas:

Artículos relacionados