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Qué son los incendios zombis y por qué amenazan el clima

Los incendios subterráneos de turba pueden arder de forma invisible durante meses, reavivándose a lo largo de estaciones enteras y liberando carbono almacenado durante miles de años, creando un peligroso ciclo de retroalimentación que acelera el calentamiento global.

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Redakcia
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Qué son los incendios zombis y por qué amenazan el clima

Incendios que nunca mueren

En los vastos bosques boreales de Canadá, Siberia y Alaska, un tipo peculiar de incendio forestal desafía las estaciones. Cubiertos por la nieve e invisibles desde el aire, estos incendios arden lentamente bajo tierra durante el invierno, solo para resurgir en primavera, a veces a kilómetros de donde aparecieron por primera vez. Los científicos los llaman incendios zombis, y representan uno de los fenómenos climáticos más inquietantes de nuestra era.

Una nueva investigación publicada a principios de 2026 por la Universidad de Alberta confirma que las turberas de permafrost quemadas pueden seguir liberando carbono durante años después de que un incendio haya sido declarado oficialmente extinguido. Comprender por qué requiere un breve viaje al extraño y antiguo mundo de la turba.

¿Qué es la turba y por qué es tan rica en carbono?

La turba es materia vegetal parcialmente descompuesta (musgos, juncias y otra vegetación de humedales) que se ha acumulado durante siglos o milenios en condiciones frías y encharcadas. Debido a que el clima del norte es demasiado frío y húmedo para que la materia orgánica se descomponga por completo, las plantas muertas se apilan capa sobre capa, encerrando enormes cantidades de carbono que de otro modo volverían a la atmósfera.

La escala de este almacenamiento es asombrosa. Según los Proceedings of the National Academy of Sciences, las turberas del hemisferio norte contienen aproximadamente 550 gigatoneladas de carbono, comparable a todo el carbono de los bosques vivos del mundo. Las turberas boreales por sí solas representan entre el 20 y el 40% de las reservas terrestres totales de carbono de la Tierra, según Recursos Naturales de Canadá.

Gran parte de esta turba se encuentra sobre o dentro del permafrost, suelo que permanece congelado durante todo el año. El permafrost actúa como un congelador profundo, preservando el carbono orgánico que murió hace tanto tiempo como la última Edad de Hielo.

Cómo arden los incendios zombis

Un incendio forestal típico arde rápido y caliente en la superficie. Un incendio de turba es lo opuesto: lento, frío y persistente. Cuando la vegetación de la superficie se enciende y seca las capas superiores de turba, el fuego puede excavar hacia abajo en el suelo. Allí, privado de oxígeno, arde sin llama, un proceso llamado combustión latente.

Cuando llegan las primeras nieves, el fuego de la superficie se extingue, pero las brasas subterráneas continúan ardiendo, alimentadas por la propia turba. Meses después, cuando la nieve se derrite y el oxígeno regresa, el fuego resurge. Según National Geographic, la investigación ha confirmado que estos incendios zombis representan una parte significativa de los incendios forestales boreales de principios de temporada, evitando la necesidad de un rayo o cualquier otro evento de ignición.

Por qué la liberación de carbono es tan peligrosa

Los incendios forestales de superficie queman biomasa viva reciente, carbono que estaba en la atmósfera hace apenas unas décadas. Los incendios de turba son fundamentalmente diferentes: queman carbono que ha sido secuestrado durante cientos o miles de años. El Bulletin of the Atomic Scientists señala que los incendios subterráneos de turba pueden liberar hasta 100 veces más carbono por unidad de superficie que un incendio forestal de superficie.

El daño no termina con las llamas. Una investigación publicada en Geophysical Research Letters muestra que las turberas de permafrost quemadas siguen emitiendo carbono durante el proceso de recuperación, ya que la estructura del suelo alterada expone las capas orgánicas previamente congeladas a la descomposición microbiana durante los años siguientes.

Un ciclo de retroalimentación climática

Lo que hace que los incendios zombis sean tan alarmantes desde una perspectiva climática es el ciclo de retroalimentación que crean. Las temperaturas más cálidas secan las turberas y aumentan la frecuencia de las igniciones por rayos. Más incendios liberan más carbono, lo que calienta aún más la atmósfera, descongela más permafrost y hace que sea más probable que se produzcan nuevos incendios de turba. Según los investigadores del Woodwell Climate Research Center, este ciclo corre el riesgo de convertir las turberas boreales de sumideros de carbono, que lo han sido durante milenios, en fuentes de carbono.

La temporada de incendios forestales de Canadá de 2023 ofreció un crudo anticipo: los incendios boreales de Canadá de ese año liberaron aproximadamente tres veces las emisiones totales anuales de gases de efecto invernadero del país, un récord que alarmó a los científicos climáticos de todo el mundo.

¿Qué se puede hacer?

Proteger las turberas del drenaje y el desarrollo es la intervención más eficaz. Rehumedecer las turberas degradadas, una práctica conocida como paludicultura, puede restaurar su capa freática y ralentizar drásticamente la pérdida de carbono. También se están desarrollando sistemas de detección temprana que utilizan imágenes infrarrojas por satélite para detectar la combustión latente subterránea antes de que los incendios zombis puedan resurgir.

Pero los expertos son claros: la palanca más poderosa sigue siendo la reducción de las emisiones de combustibles fósiles para limitar el calentamiento que está secando e incendiando estos antiguos paisajes en primer lugar. Los incendios zombis son, al fin y al cabo, un síntoma de un incendio mayor que aún no hemos extinguido.

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