Cómo la riqueza petrolera de Venezuela se convirtió en una crisis
Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, pero sufrió uno de los peores colapsos económicos en tiempos de paz de la historia. He aquí cómo un petroestado dilapidó sus riquezas y qué lecciones encierra para las economías dependientes de los recursos naturales.
El país más rico que se convirtió en el más pobre
Pocas historias económicas son tan impactantes como la de Venezuela. En 1970, el país era la nación más rica de América Latina, con sus campos petroleros bombeando casi cuatro millones de barriles al día. Medio siglo después, el nivel de vida había caído un 74 por ciento entre 2013 y 2023, un colapso que los economistas de la London School of Economics describen como el mayor fuera de tiempos de guerra en la historia moderna. ¿Cómo un país con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo terminó en semejante ruina?
Una nación construida sobre oro negro
La historia de Venezuela comienza con el petróleo. Los grandes descubrimientos de petróleo a principios del siglo XX transformaron el país casi de la noche a la mañana. A mediados de siglo, Venezuela suministraba una parte importante de las importaciones de petróleo de Estados Unidos y utilizaba los ingresos para construir carreteras, escuelas y una capital moderna en Caracas. La empresa estatal de petróleo, PDVSA, fundada en 1976 tras la nacionalización, se convirtió en una de las empresas energéticas mejor gestionadas del mundo en desarrollo, bombeando 3,5 millones de barriles diarios en su punto álgido a finales de la década de 1990.
Sin embargo, esta dependencia sembró las semillas de la futura crisis. Los economistas lo llaman enfermedad holandesa: cuando una bonanza de recursos naturales desplaza a otras industrias, dejando a la economía peligrosamente dependiente de una sola exportación cuyo precio fluctúa con los mercados globales.
Chávez, el bolivarianismo y la purga de PDVSA
Hugo Chávez ganó la presidencia en 1998 impulsado por una ola de indignación ante la desigualdad y la corrupción. Su Revolución Bolivariana redirigió los ingresos petroleros hacia ambiciosos programas sociales —llamados misiones— que redujeron la pobreza, ampliaron las clínicas de salud y aumentaron la alfabetización. Según algunas mediciones, los primeros años fueron un éxito.
Pero tras un fallido intento de golpe de Estado en 2002, Chávez actuó con decisión contra la gestión profesional de PDVSA, purgando a miles de ingenieros y ejecutivos experimentados y sustituyéndolos por leales políticos. Según el Council on Foreign Relations, la inversión petrolera se desplomó en más de un 80 por ciento a partir de 2003. La empresa que había sido el motor de Venezuela se convirtió en una herramienta para el clientelismo político.
Maduro hereda una máquina averiada
Cuando Chávez murió de cáncer en 2013 y Nicolás Maduro asumió el poder, los precios mundiales del petróleo seguían por encima de los 100 dólares por barril, lo que enmascaraba el deterioro de PDVSA. Entonces, en 2014, los precios se desplomaron. En enero de 2015, el petróleo había caído por debajo de los 50 dólares. Venezuela, que financiaba casi el 95 por ciento de sus ingresos en divisas a través de las exportaciones de petróleo, no tenía margen de maniobra.
Lo que siguió fue catastrófico. El gobierno imprimió dinero para cubrir los déficits, lo que desencadenó una hiperinflación que, en su punto álgido en 2018, superó el millón por ciento anual, según el Fondo Monetario Internacional. Los estantes de los supermercados se vaciaron. Los hospitales se quedaron sin medicamentos básicos. Más de siete millones de venezolanos —aproximadamente una cuarta parte de la población— huyeron del país en lo que la ONU calificó como una de las mayores crisis de desplazamiento en el hemisferio occidental.
El papel de las sanciones estadounidenses
A partir de 2017 y con una fuerte escalada en 2019, Estados Unidos impuso amplias sanciones económicas dirigidas al sector petrolero de Venezuela, a PDVSA y a su acceso a los mercados financieros estadounidenses. El impacto es objeto de un intenso debate. Un informe de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos concluyó que las sanciones profundizaron significativamente la crisis al cortar los ingresos petroleros. La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos concluyó en 2021 que las sanciones "probablemente contribuyeron" al declive económico.
Sin embargo, muchos economistas —incluidos los del Economics Observatory— señalan que el colapso de Venezuela ya estaba muy avanzado antes de que las sanciones más duras entraran en vigor. La hiperinflación, la escasez de alimentos y la emigración son anteriores al embargo petrolero de 2019. La mayoría de los analistas consideran que las sanciones son un acelerante de una crisis cuyas raíces se encuentran en dos décadas de mala gestión y corrupción.
Una advertencia de un petroestado
El declive de Venezuela ofrece una lección de libro de texto sobre los peligros de la dependencia de los recursos naturales. La producción de petróleo de PDVSA, que antes era de 3,5 millones de barriles diarios, había caído a aproximadamente 735.000 barriles diarios en 2023, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos. El país posee alrededor de 303.000 millones de barriles de reservas probadas —casi una quinta parte del total mundial—, pero carece del capital, la experiencia y la capacidad institucional para extraerlos de forma rentable.
La riqueza de los recursos, advierten los economistas, no es ni una garantía de prosperidad ni un escudo contra el fracaso. Sin instituciones sólidas, economías diversificadas y una gobernanza transparente, incluso los campos petroleros más ricos del mundo pueden convertirse en una maldición. La trayectoria de Venezuela es una de las ilustraciones más claras de ese principio en la historia moderna.