Bancos centrales mantienen los tipos mientras la crisis del petróleo reescribe la política monetaria
La Fed, el BCE, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón mantuvieron sin cambios los tipos de interés esta semana, pero los mercados ya están descontando subidas del BCE a medida que el crudo Brent supera los 112 dólares y la declaración de fuerza mayor de Irak agudiza los temores de estanflación en la economía mundial.
Una semana de cautela, un futuro de endurecimiento monetario
En una rara muestra de moderación sincronizada, los cuatro bancos centrales más influyentes del mundo —la Reserva Federal de EE. UU., el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón— mantuvieron sin cambios los tipos de interés esta semana. Sin embargo, tras esta fachada de calma, los mercados se preparan para un giro brusco. Los operadores ya están descontando subidas de tipos por parte del BCE tan pronto como en abril, y los principales bancos esperan hasta tres aumentos este año, ya que el aumento vertiginoso de los precios del petróleo amenaza con desatar una nueva ola de estanflación.
El shock petrolero remodela los cálculos
El catalizador es el crudo. Los futuros del Brent superaron los 112 dólares por barril el viernes —su nivel más alto desde julio de 2022— después de que Irak declarara fuerza mayor en todos los campos petrolíferos operados por empresas extranjeras, alegando su incapacidad para enviar crudo a través del bloqueado Estrecho de Ormuz. La producción iraquí de Basora se desplomó aproximadamente un 70%, pasando de 3,3 millones de barriles diarios a unos 900.000. El cierre del estrecho, provocado por la escalada de hostilidades iraníes desde principios de marzo, ha estrangulado las exportaciones de energía y ha obligado a Qatar a declarar también fuerza mayor en los envíos de GNL.
Los bancos ahora esperan que el Brent suba hacia los 120 dólares en tres meses, con un escenario alcista de 150 dólares si las interrupciones se intensifican. El shock energético se asemeja a la crisis de 2022 que sumió a Alemania en la recesión, solo que esta vez, los bancos centrales tienen mucho menos margen de maniobra.
Los bancos centrales caminan sobre la cuerda floja
La Fed votó 11-1 a favor de mantener los tipos en el rango de 3,5%-3,75%, y su diagrama de puntos actualizado apunta a solo un recorte este año. El presidente Jerome Powell reconoció las presiones inflacionistas procedentes de los mercados energéticos, pero señaló que mantendría la paciencia. El Banco de Inglaterra mantuvo los tipos en el 3,75%, mientras que el Banco de Japón mantuvo su tipo en el 0,75% —el más alto desde 1995— en una votación de 8-1, con el disidente Hajime Takata presionando para una subida.
La decisión del BCE de mantener los tipos en el 2,15% fue la que más atención suscitó. La presidenta Christine Lagarde revisó al alza la previsión de inflación general del banco hasta el 2,6% para 2026, citando explícitamente las perturbaciones energéticas en Oriente Medio como creadoras de "riesgos al alza para la inflación y riesgos a la baja para el crecimiento económico". El miembro del Consejo de Gobierno del BCE, Gabriel Makhlouf, dijo a los periodistas que una subida en abril seguía siendo posible si los datos entrantes lo justificaban.
Tanto Barclays como J.P. Morgan ahora prevén tres subidas de tipos del BCE de 25 puntos básicos cada una —en abril, junio y julio—, una reversión drástica de la trayectoria de relajación que los mercados esperaban hace apenas unas semanas.
El déficit comercial agrava el pesimismo
Para colmo de males en Europa, los datos de Eurostat publicados esta semana mostraron que la zona euro registró un déficit comercial de 1.900 millones de euros en enero, un fuerte revés con respecto al superávit de 11.200 millones de euros de diciembre y muy por debajo del superávit de 12.800 millones de euros que esperaban los analistas. Las exportaciones cayeron un 7,6% interanual, mientras que el superávit de maquinaria y vehículos se desplomó de 13.200 millones de euros a solo 1.600 millones de euros.
La combinación del aumento de los costes energéticos, el debilitamiento de las exportaciones y las presiones inflacionistas ha llevado a los analistas a invocar una palabra que los banqueros centrales detestan: estanflación. A diferencia de una recesión convencional, la estanflación —la mezcla tóxica de crecimiento estancado y precios al alza— deja a los responsables políticos sin buenas opciones. Bajar los tipos alimenta la inflación; subirlos aplasta el crecimiento.
¿El fin del dinero barato?
Para los mercados, el mensaje es claro. La era de la relajación monetaria que definió gran parte de 2024 y 2025 parece haber terminado, al menos en Europa. Si el BCE sigue adelante con las subidas de tipos mientras el crecimiento se tambalea, los prestatarios de toda la zona euro —desde los titulares de hipotecas hasta los gobiernos endeudados— sentirán la presión. Las próximas semanas revelarán si los bancos centrales pueden navegar entre las dos amenazas gemelas de la inflación y la recesión, o si el shock petrolero ya ha hecho imposible ese equilibrio.