Praga devuelve a Grecia 39 textiles sinagogales
El Museo Judío de Praga ha entregado a Grecia 39 textiles sinagogales de la comunidad sefardí de Salónica, saqueados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Se trata de uno de los pasos de restitución más importantes en la historia del museo y un importante precedente para la devolución del patrimonio cultural del Holocausto.
Textiles de las sinagogas de Salónica regresan a casa
El 17 de febrero de este año, Zanet Battinou, directora del Museo Judío de Grecia, llegó a Praga para recibir de representantes de la Federación de Comunidades Judías de la República Checa y del Museo Judío de Praga una colección de 39 textiles sinagogales. Se trataba de cortinas, mantos de la Torá y cubiertas de mesas sinagogales, objetos con inscripciones en hebreo y ladino que los nazis saquearon durante la Segunda Guerra Mundial y transportaron al territorio de la actual República Checa. Después de ochenta años, finalmente regresan a casa.
Salónica: un centro del judaísmo sefardí que desapareció
Los textiles proceden principalmente de la comunidad sefardí de Salónica. Salónica (en griego, Thessaloníki) era antes de la guerra el hogar de aproximadamente 50.000 judíos y representaba el principal centro del judaísmo sefardí en Europa. Tras la ocupación alemana en 1941, los nazis, a través de la llamada Operación Rosenberg, saquearon sistemáticamente sinagogas, bibliotecas e instituciones culturales. En febrero de 1943 establecieron guetos y a partir del 15 de marzo del mismo año iniciaron las deportaciones: un total de 42.830 judíos de Salónica fueron trasladados a Auschwitz-Birkenau, donde más del 90 por ciento fueron asesinados poco después de su llegada. La comunidad, cuyas raíces se remontaban a la expulsión de los judíos de España en 1492, dejó de existir de facto.
Cuatro décadas bajo la clave "Balcanes"
No está del todo documentado cómo llegaron exactamente los textiles a Chequia, muy probablemente en el marco de los extensos traslados nazis de bienes saqueados por toda Europa. El museo los registró entre 1954 y 1956 bajo la vaga categoría de "Balcanes", lo que ocultó su origen durante largas décadas. Sólo el desarrollo de la investigación moderna de la procedencia ha permitido reconstruir sistemáticamente la historia de objetos concretos.
"Sólo en los últimos años hemos podido volver a las preguntas que quedaron sin respuesta durante décadas", describió la situación la conservadora del museo, Michaela Sidenbergová. El resultado de la investigación fue inequívoco: los textiles pertenecen a la comunidad sefardí griega y deben ser devueltos.
Un compromiso moral, no una demanda judicial
La entrega se produce en un momento en que aumenta la presión en toda Europa para acelerar la devolución de los bienes culturales saqueados durante la ocupación nazi. El pasado mes de abril, representantes de doce países se reunieron en La Haya para coordinar los procedimientos de devolución de los artefactos robados. Alemania ha introducido un procedimiento de arbitraje vinculante para las restituciones de bienes a partir del 1 de diciembre de 2025, y en Estados Unidos se está tramitando en el Congreso una propuesta para prorrogar permanentemente la ley HEAR Act, que protege los derechos de los supervivientes del Holocausto y sus descendientes.
El paso de Praga destaca en este contexto por su carácter voluntario. No fue el resultado de una presión judicial, sino de un reconocimiento proactivo de una obligación moral. "Se trata del cumplimiento de la obligación moral de devolver el patrimonio disperso", subrayaron los representantes de la Federación de Comunidades Judías de la República Checa. Los objetos pasarán ahora a estar bajo el cuidado del Museo Judío de Grecia en Atenas.
Un paso excepcional en la historia del museo
El Museo Judío de Praga es una de las mayores instituciones de su tipo en el mundo y alberga decenas de miles de objetos que documentan la riqueza de la cultura judía centroeuropea. La entrega de 39 textiles griegos representa uno de los actos de restitución más amplios de toda su historia. Al mismo tiempo, envía una clara señal a otros museos europeos: la investigación de la procedencia y la voluntad de actuar pueden reparar al menos parte de los agravios causados por la Segunda Guerra Mundial, y ello sin esperar una orden judicial.