Zorevunersen reduce las crisis en el síndrome de Dravet en un 91 %
El fármaco experimental zorevunersen redujo el número de crisis en niños con síndrome de Dravet hasta en un 91 %. Los resultados del ensayo clínico publicados en el NEJM abren el camino a la primera terapia verdaderamente modificadora de esta grave epilepsia genética.
Un avance publicado en el New England Journal of Medicine
El 5 de marzo de 2026, la prestigiosa revista científica The New England Journal of Medicine publicó los resultados de un ensayo clínico de fase 1/2a del fármaco experimental zorevunersen. Los resultados son extraordinarios: en los pacientes que recibieron una dosis de 70 mg, la mediana de la reducción de la frecuencia de las crisis convulsivas osciló entre el 58,8 % y el 90,9 % durante los primeros 20 meses de los estudios de extensión, alcanzando un descenso del 91 % en el mejor intervalo mensual.
El estudio incluyó a 81 niños de entre 2 y 18 años con diagnóstico de síndrome de Dravet en el Reino Unido y Estados Unidos, concretamente en el marco de los estudios MONARCH y ADMIRAL. Antes de iniciar el tratamiento, los pacientes sufrían una media de 17 crisis al mes.
Qué es el síndrome de Dravet y por qué es tan difícil de tratar
El síndrome de Dravet es una de las formas más graves de epilepsia infantil. Afecta aproximadamente a uno de cada 16.000 niños y está causado por una mutación en el gen SCN1A, que codifica los canales de sodio necesarios para una correcta señalización nerviosa. Las crisis comienzan en el primer año de vida, son difíciles de controlar y acarrean graves consecuencias cognitivas y del desarrollo. Los antiepilépticos existentes, como el valproato, el clobazam o la fenfluramina, solo pueden suprimir las crisis parcialmente y a menudo conllevan graves efectos secundarios.
Cómo funciona zorevunersen
Zorevunersen es un oligonucleótido antisentido, una corta cadena sintética de ácidos nucleicos que influye selectivamente en la expresión génica. En el síndrome de Dravet, una copia del gen SCN1A no funciona correctamente, por lo que el cerebro produce una cantidad insuficiente de la proteína NaV1.1, un canal de sodio clave de las neuronas inhibidoras. Zorevunersen se une a un segmento específico del ARN de la copia sana del gen y estimula una mayor producción de proteína funcional.
En otras palabras: el fármaco no cura el gen dañado, sino que activa el sano para compensar su deficiencia. Este mecanismo es fundamental, ya que diferencia a zorevunersen de un mero tratamiento sintomático y ofrece el potencial de una verdadera modificación del curso de la enfermedad.
Seguridad y otros beneficios del tratamiento
La mayoría de los efectos adversos fueron leves o moderados. El problema más frecuente tras la administración (el fármaco se administra por vía intratecal, es decir, directamente en el líquido cefalorraquídeo) fue el síndrome postpunción lumbar en el 25 % de los pacientes en la fase 1/2a. En los estudios de extensión, el 45 % de los pacientes presentaron un aumento de los niveles de proteína en el líquido cefalorraquídeo, que no requirió la interrupción del tratamiento.
Además de la reducción de las crisis, el estudio registró mejoras en las funciones cognitivas, el comportamiento y la calidad de vida general de los pacientes y sus familias, lo que es extraordinariamente valioso en el síndrome de Dravet, ya que la enfermedad afecta gravemente a todo el desarrollo psicomotor del niño.
Qué sigue: el camino hacia el registro
El fármaco está siendo desarrollado conjuntamente por las empresas Stoke Therapeutics y Biogen. El estudio de registro de fase 3, denominado EMPEROR, está actualmente en curso en Estados Unidos, el Reino Unido y Japón, y tiene previsto incluir a unos 150 pacientes. Se esperan resultados a mediados de 2027 y deberían servir de base para la presentación de una solicitud de registro ante la FDA estadounidense. Se prevé un procedimiento de aprobación paralelo en Europa en el mismo horizonte temporal.
Para las familias de niños con síndrome de Dravet, se trata del mayor avance terapéutico de los últimos años. Sin embargo, ni siquiera el escenario más optimista significa que el fármaco esté disponible antes de 2028: el camino desde los datos prometedores hasta una terapia aprobada y financiada es siempre largo y lleno de obstáculos en neurología.