¿Qué es la retinopatía diabética y cómo causa ceguera?
La retinopatía diabética es la principal causa mundial de ceguera prevenible en adultos en edad laboral. Le explicamos cómo el azúcar alto en sangre destruye silenciosamente el ojo y qué puede hacer la medicina al respecto.
Un ladrón silencioso de la visión
La mayoría de las personas con retinopatía diabética no saben que la tienen. En sus primeras etapas, la afección no produce dolor, visión borrosa ni ninguna advertencia. Sin embargo, desmantela silenciosamente la intrincada red de vasos sanguíneos que alimentan la retina, el tejido sensible a la luz en la parte posterior del ojo, hasta que un día, la visión comienza a fallar.
La retinopatía diabética es la principal causa de ceguera prevenible entre los adultos en edad laboral en todo el mundo. Según una importante revisión sistemática publicada en Ophthalmology, aproximadamente 103 millones de personas vivían con esta afección en 2020, y se prevé que esa cifra aumente a 160 millones para 2045 a medida que las tasas de diabetes sigan aumentando a nivel mundial.
Qué falla en el ojo
La retina exige un suministro constante y abundante de oxígeno y nutrientes que se entregan a través de una densa malla de pequeños vasos sanguíneos. Cuando el azúcar en la sangre permanece crónicamente elevado, como ocurre en la diabetes mal controlada, esos vasos se dañan lentamente. Sus paredes se debilitan, se hinchan y tienen fugas. Con el tiempo, la retina se ve privada de oxígeno.
En respuesta a esta escasez de oxígeno, el cuerpo desencadena el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos. Pero estos vasos de reemplazo son frágiles y anormales: sangran fácilmente, forman cicatrices y pueden separar la retina de la parte posterior del ojo por completo. Esa etapa final, un desprendimiento de retina, puede causar ceguera permanente si no se trata rápidamente.
Investigadores del University College London identificaron recientemente una proteína llamada LRG1 como un impulsor temprano de este daño. Al publicar sus hallazgos a principios de 2026, el equipo demostró que LRG1 contrae los vasos sanguíneos retinianos más pequeños y corta su suministro de oxígeno antes de que aparezca cualquiera de los signos clásicos de retinopatía, lo que sugiere que puede haber una ventana para intervenir mucho antes de lo que permiten los tratamientos actuales.
Las cuatro etapas
Los médicos dividen la retinopatía diabética en cuatro etapas progresivas:
- No proliferativa leve (NPDR): Se forman pequeñas protuberancias, llamadas microaneurismas, en las paredes de los vasos sanguíneos de la retina. Pueden filtrar pequeñas cantidades de líquido.
- NPDR moderada: Los vasos sanguíneos comienzan a hincharse y pierden su capacidad de transportar sangre normalmente.
- NPDR grave: Grandes áreas de la retina pierden su suministro de sangre, lo que desencadena señales para el crecimiento anormal de nuevos vasos.
- RD proliferativa (RDP): Nuevos vasos sanguíneos frágiles brotan a través de la retina y hacia el gel vítreo del ojo. El sangrado y la cicatrización pueden provocar una pérdida grave de la visión o ceguera.
Una complicación relacionada, el edema macular diabético (EMD), puede ocurrir en cualquier etapa. Ocurre cuando el líquido que se filtra se acumula en la mácula, la región central de la retina responsable de la visión nítida y detallada, y es una de las causas más comunes de pérdida de visión en personas con diabetes.
Quién está en riesgo
Cualquier persona con diabetes tipo 1 o tipo 2 puede desarrollar retinopatía, aunque el riesgo aumenta considerablemente con la duración de la enfermedad y el mal control del azúcar en la sangre. Según el National Eye Institute, casi todas las personas con diabetes tipo 1 desarrollarán algún grado de retinopatía dentro de los 20 años posteriores al diagnóstico. La presión arterial alta, el colesterol alto, el embarazo y el tabaquismo aceleran el daño. La prevalencia es más alta en África (casi el 36%) y América del Norte y el Caribe (33%), según datos globales.
Cómo se trata
El arma más eficaz contra la retinopatía diabética sigue siendo la prevención: mantener el azúcar en la sangre, la presión arterial y el colesterol bajo un control estricto ralentiza drásticamente la progresión. Los exámenes oculares regulares, al menos anualmente para las personas con diabetes, permiten la detección temprana antes de que la visión se vea amenazada.
Cuando el tratamiento se vuelve necesario, se utilizan dos enfoques principales. La fotocoagulación con láser (fotocoagulación panretiniana o PRP) aplica cientos de pequeñas quemaduras con láser en la retina periférica para sellar los vasos con fugas y suprimir el crecimiento anormal. Las inyecciones anti-VEGF, medicamentos que se inyectan directamente en el ojo, bloquean la proteína que señala la formación de nuevos vasos y se han convertido en el tratamiento de primera línea preferido para el edema macular diabético. Sin embargo, la terapia anti-VEGF funciona solo en aproximadamente la mitad de los pacientes y no revierte el daño que ya se ha producido.
Esa limitación ha hecho que el hallazgo de LRG1 sea particularmente significativo. El equipo de la UCL ya ha desarrollado un fármaco dirigido a LRG1, actualmente en ensayos preclínicos, que algún día podría interceptar la retinopatía en sus raíces moleculares más tempranas, antes de que un solo vaso sanguíneo tenga fugas.
La magnitud del desafío
Con más de 500 millones de personas que viven con diabetes en todo el mundo, un número que sigue aumentando, la retinopatía diabética representa uno de los desafíos de salud pública más apremiantes en oftalmología. La mayoría de los casos son prevenibles con el cribado y el control glucémico, pero el acceso a ambos sigue siendo desigual. Cerrar esa brecha, junto con el desarrollo de terapias de acción más temprana, será fundamental para proteger la visión de decenas de millones de personas en las próximas décadas.